Moderadora:Lorena Barba, Analista de Programa y punto focal de ONU Mujeres para el Sector Privado Ponentes: Alison Vásconez, Especialista de Programa de ONU Mujeres Ecuador.Fidel Durán, Gerente General de Banco Solidario y presidente de la Comisión de Inclusión financiera de ASOBANCA.Roberto Jaramillo, Coordinador de Inclusión Económica de HIAS. María Dolores Almeida, Consultora de ONU Mujeres. En el mismo, se abordaron temas como el enfoque de género en los productos bancarios y las brechas existentes en mujeres, especialmente de sectores rurales y en condición de movilidad humana. El panel fue moderado por Lorena Barba, Analista de Programa y punto focal de ONU Mujeres para el Sector Privado. A continuación, un resumen de las intervenciones de los participantes. Alison Vásconez, Especialista de Programa de ONU Mujeres Ecuador Vásconez habló de cómo se puede abordar el enfoque de género en productos bancarios. Destacó algunos aspectos que generan brechas de la mujer en el sector financiero como el subsidio que hacen a la economía del hogar con trabajos no remunerados, la dependencia económica y la rigidez en los mercados. Según cifras, las mujeres que acceden a productos financieros es 8% menor al de los hombres, en Latinoamérica. Esta desigualdad se presenta en mujeres de estratos bajos y altos y durante la pandemia ha sido más fuerte con las jóvenes emprendedoras. Otra de las realidades que evidenció es que los estímulos macro del sector no han tenido repercusión en las mujeres. También afirmó que la inclusión es un elemento clave para generar igualdad de oportunidades en cuanto al acceso de la mujer a productos que les permita generar ingresos y como consecuencia independencia económica. La asociatividad también es un tema importante, pero considera que hay un rezago en este tema. Generar una inclusión financiera, puede servir como una herramienta de prevención de riesgos en las mujeres, en especial en temas de violencia. Finalizó su intervención manifestando que se necesitan finanzas que cierren brechas y que atiendan los factores estructurales de la sociedad. Un ecosistema financiero para mujeres adecuado es necesario. La política general ataca a los sectores conocidos, sin embargo hay otros que lamentablemente siguen rezagados: por lo general las mujeres se vinculan laboralmente en sectores informales y menos regulados. Roberto Jaramillo, Coordinador de Inclusión Económica de HIAS Jaramillo enfocó su intervención en la situación de las mujeres en condición de movilidad, quienes también viven una brecha. Destacó que las instituciones financieras, al trabajar en temas de inclusión, tienen una gran oportunidad para conocer un grupo nuevo de clientes que al ser bien asesoradas, pueden aportar en gran manera al crecimiento económico. El 17% de las mujeres en condición de movilidad que acceden a servicios financieros, tienen que destinar ese dinero a necesidades del hogar y no están en capacidad de toma de decisiones. Otro de los problemas es que carecen de títulos de propiedad que por lo general pertenecen a sus cónyuges. También considera que existe una falta alfabetización financiera y barreras culturales con asimetría de poder ligadas a lo racial. Hay otras barreras de aspectos normativos e institucionales. Uno de los paradigmas culturales. Por otro lado, se ven afectadas por el historial crediticio de su pareja. Finalizó afirmando que las mujeres en condición de movilidad humana tienen un gran potencial, al ser incluidas en el sector financiero, se podrían convertir en un grupo multi actor. Hay una necesidad de que la sociedad civil y las instituciones se unan para potencializar este tema. María Dolores Almeida, Consultora de ONU Mujeres Almeida habló de la falta de inclusión financiera en las mujeres rurales e indígenas. Por el lado de la oferta, considera que hay varias barreras legales: “si para una mujer urbana se complica, mucho más a la rural”. Otros problemas que generan esta brecha es la falta de formación en cuanto a créditos, hay sesgos al momento de otorgarlos porque consideran a estas mujeres con poca capacidad. Para la expositora, las instituciones financieras no están adaptadas a estas demandas porque las mujeres rurales están en las zonas más pobres y existen pocos incentivos para que puedan acceder a estos productos. Presentó algunos testimonios recogidos por ONU Mujeres. “Piden firmas de esposo y esposa, a pesar de que la actividad que se quiere promover es mía”. “Cuando uno está casado, exigen que vaya el esposo”. “Para darme un crédito me pedían la firma de mi esposo y yo estaba divorciada”. “Los intereses eran altos”. La conclusión a la que llega la consultora es que las instituciones financieras públicas y privadas tienen que romper las barreras. Desde la generación de políticas, puso como ejemplo el programa Mujer Rural de Ban Ecuador. Dentro de los requisitos solo solicitan cédula y una planilla de servicio básico, ya no la firma del esposo. Considera que es primordial promover marcos normativos de revisión de requisitos para que se adapten a estas necesidades; así como fortalecer las líneas de garantías. Estas regulaciones pueden aportar en gran manera a una recuperación económica. Fidel Durán, Gerente General de Banco Solidario y presidente de la Comisión de Inclusión financiera de Asobanca Durán inició su intervención afirmando que la exclusión financiera refuerza la desigualdad pero también responde a otros factores como la exclusión de la mujer en lo laboral, en la educación, en la generación de activos, etc. Por esta razón considera que hay que trabajar en temas que van más allá de las instituciones financieras, con decisiones acertadas. Desde el lado de la demanda se han visto los problemas como falta de poder de decisión y de la toma de decisiones en la mujer. Hay problemas de movilidad, trabajo no remunerado, menores niveles de educación financiera, menor acceso a la tecnología y posesión de activos para dar garantía; si bien una pareja es copropietaria, por lo general la propiedad está a nombre del esposo. Por otro lado, no ha existido una oferta adecuada. Pero también está demostrado que puede ser suficiente con tener un acercamiento específico a las mujeres. Es el caso de Banco Solidario, que entre sus requisitos no exige la firma del cónyuge desde hace 20 años. Entre los limitantes más fuertes está la escasez de datos desagregados por género. Según los mismos, las mujeres son mejores pagadoras y son clientes más fidelizadas, pero esa información no se usa para proporcionar más oferta de productos bancarios a este grupo. Atender las necesidades de las mujeres no sólo es un buen negocio, sino que es rentable; sin embargo existe una limitada visión de género en las instituciones financieras.