Su objetivo es empoderar a las mujeres en términos económicos y ayudarles a afrontar crisis económicas. Esto implica un cambio -y una mejoría- en cómo las mujeres ven su relación con el trabajo y el dinero. Es un concepto de carácter multidimensional, que facilita la vida cotidiana, permite mitigar crisis y realizar inversiones productivas. De acuerdo con cifras de la CAF, actualmente el 48% de las mujeres de América Latina y el Caribe tiene demandas insatisfechas financieras y aunque los bancos han logrado diversificar y personalizar sus productos para reducir las brechas de género, el panorama todavía es desafiante. La problemática de la inclusión financiera de las mujeres está relacionada con su inserción laboral, según el reciente estudio de ONU Mujeres, ‘Inclusión Financiera de las Mujeres: Claves para una recuperación transformadora de la economía post COVID-19 en América Latina y el Caribe’, las mujeres enfrentan obstáculos como trabajos de baja remuneración, falta de acceso a puestos de toma de decisiones y empleo informal. También se ven afectadas por la sobrecarga de trabajo doméstico. Claves para una recuperación transformadora En el contexto de la recuperación económica, es esencial aumentar el acceso a servicios financieros para las mujeres y brindar educación financiera. También se debe apoyar a las emprendedoras y empresarias para que puedan acceder al capital necesario y gestionar sus negocios de manera efectiva. Esto contribuirá al crecimiento económico y a una mayor inclusión financiera. Valeria Llerena, Directora Ejecutiva de la Red Financiera Rural (RFD) dice que, si bien la brecha de género ha disminuido con el paso del tiempo, hay necesidades específicas de las mujeres que deben ser atendidas. “Por ejemplo, muchas veces los dueños de los activos son los hombres, con esto las mujeres quedan sin garantías para acceder al crédito. Tampoco existen productos especializados para mujeres que están solas, muchas veces las mujeres no tienen un divorcio todavía formalizado y no pueden hacer un crédito”, explica. Todas estas situaciones limitan el acceso a las mujeres, por lo que Llerena insta a que las instituciones financieras piensen en soluciones desde una perspectiva de género. Crédito bancario: elemento clave en la inclusión financiera y generación de oportunidades para la mujer en Ecuador La inclusión financiera tiene un rol protagónico para promover desarrollo social y crecimiento económico. El acceso de la población de mayor vulnerabilidad al sistema financiero nacional permite que alcancen seguridad en sus depósitos y financiamiento en mejores condiciones que los recibidos en la informalidad que precarizan aún más su calidad de vida. Si bien el compromiso con la sostenibilidad del sistema financiero se ha encaminado desde diferentes aristas, su propósito se encuentra estrechamente ligado con su giro de negocio, con el poder de cambio y estímulo que se alcanza desde la colocación de recursos. En cuanto a equidad de género, de manera agregada los desembolsos de crédito de la banca privada entregadas a personas naturales suman USD 10.028 millones en 2022. De este total, el 58,6% fue otorgado a hombres, mientras que, el 41,4% restante fue a mujeres, lo que equivale a una brecha de 17.1 p.p. Por otro lado, se observa una distribución casi equitativa en el número de operaciones de crédito, el 50,1% de las gestiones fueron realizadas por mujeres, en tanto que, el 49,9% lo hicieron hombres. Este hecho, refleja la tarea pendiente de fomentar equidad de género en el acceso a crédito en monto, esto a pesar de que es amplia la literatura que demuestra que las mujeres son mejores pagadoras de crédito en relación a los hombres. Para incentivar la inclusión financiera, Revista Ekos Violeta, junto a Ekos Research, presenta el Ranking de Crédito por Género.Por _ Juan Carlos Zabala A. y Jonathan Guamán Ch., Ekos Research