La inclusión financiera es fundamental para el desarrollo económico y social de cualquier país. Sin embargo, los grupos vulnerables como las mujeres, las personas de bajos ingresos, adultos mayores, las personas con discapacidades y los habitantes de comunidades rurales han reportado dificultades para acceder a los servicios y a los productos financieros para mejorar su situación económica. “Buscamos cumplir ese rol social que la banca debe tener dentro de una sociedad civilizada. Hemos cambiado el enfoque de la banca pública para justamente llegar a esa base de la pirámide productiva, y poderles dar a quienes antes no tenían oportunidad de acceder a un crédito formal, de comenzar a formalizar su economía y reactivar sus actividades”, dice Mauricio Salem, Presidente del directorio de BanEcuador. Un estudio realizado por el Banco Central del Ecuador detectó una afectación significativa a los grupos más vulnerables durante la pandemia. En términos de afectación de ventas semanales por sector, al comparar ocho semanas antes de la emergencia sanitaria con seis semanas después de ésta, se evidenció una fuerte reducción, que para el sector comercio significó una contracción de USD 834 millones, seguido del sector de manufactura, con USD 335 millones y el de agricultura con USD 56 millones. También te puede interesar: Inclusión Financiera en Ecuador: Una apuesta en Desarrollo De acuerdo con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el crédito a las PYMES muestra cambios significativos y variados en los distintos países desde que comenzó la pandemia. Tal es el caso del microcrédito que estaba aumentando en varios países de Latinoamérica antes de la pandemia, pero durante la crisis, en algunos casos se mantuvo estancado, y en otros disminuyó. A nivel latinoamericano los estudios enfocados en la cuantificación de la demanda de crédito se han centrado, en su mayoría, en empresas por lo que el BCE se vio en la necesidad de establecer la demanda de crédito de los trabajadores más vulnerables en el contexto durante y post emergencia sanitaria, de acuerdo con tres perfiles específicos señalados en su estudio: