Según fuentes del mercado, la entidad aragonesa y los bancos asesores en la operación tienen ya prácticamente completado el plan de salida al parqué con una valoración de la entidad próxima a los 1.000 millones de euros. Sin embargo, en la operación se ha cruzado el virus de origen chino que ha hundido la cotización de los bancos un 20% en las dos últimas semanas y teñido de rojo todas las Bolsas mundiales. En este complejo escenario, el banco que preside José Luis Aguirre ha optado por replegarse y esperar una nueva oportunidad para comenzar a cotizar en el mes de mayo. Esto obligaría a aprobar el folleto de salida a bolsa en las próximas semanas. Si no se abre esta ventana, el plan B pasaría por esperar al mes de junio y, si la inestabilidad persiste, la operación quedaría pospuesta para la vuelta del verano. José Luis Aguirre, presidente de Ibercaja En todo caso, Ibercaja mantiene la salida a Bolsa como operación estratégica para que la Fundación bancaria reduzca su participación en el banco por debajo del 50% antes de que finalice este año, tal y como marca la actual Ley de Cajas. Actualmente, el primer accionista controla un 87,8% de los títulos del banco, por lo que la porción mínima del banco de la que tendría que desprenderse rondaría el 40%. La entida aragonesa ha contratado a Rothschild como asesor independiente, a Morgan Stanley y JP Morgan como coordinadores globales de la oferta y a Bank of America y UBS como entidades colocadoras. El problema para Ibercaja es que la cotización del resto de bancos no para de caer por una u otra razón. Si no es por el impacto de los tipos de interés negativos en Europa, el descenso está vinculado a la epidemia del coronavirus y los temores de frenazo económico mundial o a la incertidumbre jurídica ante alguna sentencia milmillonaria por la mala comercialización de uno de sus productos financieros. Solo en lo que va de año el valor de bancos comparables en su exposición al negocio local como Sabadell o Bankia se ha hundido más de un 30%. Fuentes próximas a la operación argumentan que esta situación avalaría a los gestores del banco para pedir una prórroga en su debut bursátil. En este sentido, las mismas fuentes consideran que el Gobierno ya ha sido flexible en cuanto a los procesos de desinversión del sector financiero con los aplazamientos en la venta de la participación del Estado en Bankia o la ampliación del margen para que las fundaciones bancarias constituyan un fondo de reserva y eviten la venta del banco. Esta última opción también está totalmente descartada por la difícil situación de negocio a la que se enfrenta el banco, con tipos de interés negativos. Si no hay prórroga, las opciones del banco pasan por la salida a Bolsa con un fuerte descuento o la búsqueda de una fusión con otra entidad. El grupo aragonés siempre está en las quinielas de los analistas financieros como un posible emparejamiento de otros bancos medianos como Liberbank, Unicaja o Abanca. No obstante, todos estas entidades ya cotizan en el mercado y por tanto presentan mayores ventajas para acceder al capital necesario que implica una operación de este tipo, lo que les daría mayor poder de negociación. A los gestores de Ibercaja tampoco les convence esta opción, ya que supondría una pérdida de la independencia del grupo. Con información de: El Mundo