Este hito representa mucho más que un avance comercial. Es el resultado de años de trabajo colectivo, alianzas estratégicas y un compromiso firme con la bioeconomía, la conservación del bosque y la generación de bienestar para las comunidades indígenas. Desde 2019, Ajecuador y Fundación Pachamama han impulsado una estrategia integral para transformar el morete —un fruto tradicionalmente usado en la alimentación local— en un producto con alto valor agregado y potencial global. El proceso ha involucrado a asociaciones productivas de la provincia de Pastaza, instituciones gubernamentales y aliados internacionales que han creído en la visión de una Amazonía viva, productiva y protegida. Todo esto sirve para la producción de la línea de jugos naturales AMAYU. Grupo AJE ha sido un socio clave al establecer un modelo de comercio justo y sostenible con las comunidades, asegurando beneficios económicos reales y directos para los productores amazónicos. Gracias a la colaboración con la Prefectura de Pastaza, la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), el Ministerio de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca (MPCEIP), el Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE), y esta primera exportación es ya una realidad. El morete es considerado un superalimento por su alto contenido de antioxidantes, betacarotenos y vitamina A. Además de sus propiedades nutricionales, este fruto desempeña un rol fundamental en la conservación de los humedales y la biodiversidad de la región. Este proceso de comercialización se ha desarrollado con profundo respeto por los derechos colectivos de los pueblos indígenas. Las comunidades han participado activamente en cada etapa, desde la recolección hasta la toma de decisiones clave, fortaleciendo su autonomía y capacidad organizativa. Este primer envío es solo el comienzo. En septiembre de este año iniciaremos una nueva temporada de cosecha, con el objetivo de consolidar este modelo de bioeconomía sostenible y ampliar su impacto en más territorios amazónicos. La exportación de morete demuestra que es posible generar valor económico a partir de la biodiversidad sin comprometer la salud del bosque, priorizando el conocimiento ancestral, la equidad y la regeneración de los ecosistemas.