No era mi primera vez en Katmandú, pero tras el devastador terremoto de 2015, me preguntaba cómo había cambiado la ciudad. La Katmandú de 2010 me había parecido mágica, con sus templos y casas de ladrillo, madera y barro, y un telón de fondo nevado. La ciudad mezcla una arquitectura única con una convivencia armoniosa entre budistas e hinduistas, en un país que nunca fue colonia británica, preservando así su cultura y creencias. Al llegar el 11 de noviembre de 2023, tras una escala en Doha, noté que el aeropuerto de Katmandú seguía igual de rudimentario que hace 14 años. El proceso de inmigración y la infraestructura eran anticuados, contrastando con la modernidad global. Me alojé en Thamel, donde el caos vehicular y el tráfico desordenado, sin semáforos ni señales, dominan. Sin embargo, la actitud tranquila de los conductores, especialmente los motociclistas, contrastaba con el aparente desorden. Katmandú, aunque afectada por el terremoto, ha logrado una admirable reconstrucción, con una mezcla de resiliencia y espiritualidad que refleja tanto el hinduismo como el budismo. El país sigue anclado en tradiciones ancestrales y la amabilidad prevalece sobre el orden. Nepal es un lugar donde el caos y la paz coexisten de manera única. En Thamel, el ambiente montañés permite a los aventureros prepararse y conectar antes de la expedición. Inicio de la aventura Nuestro viaje comenzó con un retraso de más de cuatro horas en el aeropuerto nacional de Katmandú antes de abordar una avioneta a Lukla, el primer pueblo Sherpa del trekking hacia el Campo Base del Everest. Lukla, a 2,860 metros de altitud, es conocida por su peligroso aeropuerto con una pista corta y en pendiente. Allí conocimos a nuestros guías y porteadores sherpas, y sentimos la atmósfera retadora de la montaña. Los viajeros, desde deportistas experimentados hasta turistas entusiastas, compartían la motivación de enfrentar los desafíos del trekking. Un ser potente: El caminante En el trekking del Himalaya, hay caminantes con diversos objetivos: algunos buscan logros personales, otros alimentar su ego en redes sociales, y algunos buscan una conexión profunda con la naturaleza. Me identifiqué con este último grupo, liberándome de motivaciones superficiales gracias a la poderosa energía del Himalaya. La montaña transforma las “selfies” en imágenes llenas de vida. La experiencia en el Himalaya refleja los cuatro elementos de la naturaleza: Tierra, Agua, Viento y Fuego. Cada uno contribuye a una experiencia profundamente sobrenatural. El trekking puede variar de estado de ánimo por cansancio y malestares, pero la visión del macizo de roca y hielo brinda una intensa felicidad y satisfacción. Una convivencia por la vida Mi introducción al montañismo comenzó durante la pandemia en Ecuador, buscando aire puro. Aprendí que la montaña no ofrece garantías y que cada ascenso exitoso es un regalo. La montaña enseña a ver la vida desde una nueva perspectiva y a equilibrar cuerpo. alma y espiritu y las emociones. Recuerdo mi primera cumbre en el Cotopaxi, y cómo a pesar de los desafíos y la frustración, la experiencia me enseñó la importancia de la preparación y el control mental. Primera inmersión en la cordillera Después de tres años de andinismo, decidí unirme a una expedición al Campo Base del Everest en Nepal, invitando a mi amigo Mauricio. En el sendero, experimentamos noches frías con calefacción limitada, baños comunales y comidas básicas. A pesar de las incomodidades, estábamos emocionados por la primera caminata. El paisaje cambiaba constantemente, con temperaturas extremas y un ambiente vibrante con otros caminantes, guías, porteadores, yaks y mulas. El componente social en medio de la aventura En los refugios del sendero al Campamento Base del Everest, el movimiento de montañistas y guías es constante. Los porteadores Sherpas duermen en casas comunales llamadas Casas de Té, donde las condiciones son muy precarias. Aunque el alojamiento es gratuito, deben pagar por la comida. Los precios de las bebidas y el uso de servicios como duchas calientes también aumentan debido a la dificultad de transportar suministros a grandes alturas. Existen tres formas principales de transporte de carga: Yaks y mulas. Estos animales de carga, cubiertos de piel que cuelga hasta el piso y con campanas que suenan al moverse, transportan suministros a lo largo del sendero. El sonido de las campanas se convierte en una música evocadora de la aventura. Porteadores (Sherpas): Estos trabajadores cargan hasta el doble de su propio peso en sus espaldas. Aunque esta práctica puede parecer inhumana, es esencial para la economía local. Los Sherpas realizan este trabajo con orgullo, a pesar de las duras condiciones y el bajo pago, para sustentar a sus familias. Sin ellos, las expediciones al Himalaya serían imposibles, al igual que las del Camino Inca y otros senderos que he cursado antes. Su sacrificio y dedicación son admirables, a pesar de las injusticias laborales que enfrentan. Transporte aéreo: Helicópteros llevan víveres y pasajeros a los puntos más altos del sendero. En el viaje, reflexioné sobre la pobreza y la explotación en diferentes partes del mundo y cómo los sistemas económicos y políticos a menudo perpetúan estas desigualdades. El cuidado del medio ambiente Mientras avanzaba en mi ascenso, me maravillaba cada vez más con el imponente paisaje del Himalaya. Me preguntaba cómo podía existir tanta belleza natural en un país con limitaciones económicas. Esta experiencia me llevó a reconsiderar mi percepción de la riqueza. La verdadera riqueza de Nepal no es material ni económica, sino universal y trascendental. Los habitantes, especialmente los Sherpas, parecen encontrar felicidad en lo simple y en su vocación de servicio, mostrando una alegría genuina en atender a los montañistas. El Parque Nacional Sagarmatha, nombre local del Everest en Nepal, regula la actividad en la región para proteger el ecosistema, manejar los desechos y conservar la cultura local, promoviendo un turismo sostenible. Dado que el turismo es crucial para la economía de Nepal, especialmente en las zonas del Himalaya, se otorgan permisos en cantidades superiores a los cupos técnicamente recomendados, lo que resulta en largas colas de alpinistas en temporada alta. También te puede interesar: Quito desde su corazón subterráneo La influencia religiosa y el sincretismo Namche Bazar, el mayor asentamiento Sherpa en la ruta hacia el Everest, es un pintoresco pueblo que destaca por su vibrante actividad comercial y sus estupas, estructuras sagradas. En este lugar, los Sherpas llevan a cabo rituales y ofrecen tributos a Buda y a las montañas sagradas. El ambiente místico y festivo de Namche Bazar enriquece la experiencia de quienes transitan por el sendero hacia el Everest. Por: Ramón Dávalos