Las decisiones de hoy definirán el futuro ambiental del país. En medio de un contexto marcado por el cambio climático, el desbalance energético y la exigencia ciudadana por modelos más responsables, los sectores estratégicos del Ecuador se ven obligados a replantear sus estructuras. La sostenibilidad ya no es una etiqueta, sino una exigencia operativa, ética y económica. El camino no es frenar el desarrollo, sino transformar su enfoque. Los proyectos mineros deben generar bienestar real, el sistema energético necesita descentralización y el modelo petrolero debe girar hacia eficiencia, tecnología limpia y normativas modernas. El cambio ya no es una opción, sino una urgencia. Analizamos las iniciativas que siguen estas industrias y los objetivos que deben seguir para alcanzar estas metas. Minería: derechos, desarrollo y una nueva relación con el territorio La minería ha iniciado un viraje hacia una lógica de corresponsabilidad social y ambiental. “Hemos demostrado que se puede trabajar con comunidades desde el respeto y la evidencia técnica”, afirma María Eulalia Silva, quien subraya la importancia de la consulta previa como una herramienta para legitimar los proyectos y garantizar su sostenibilidad. El enfoque actual se centra en procesos que integran a las poblaciones locales desde la fase de licenciamiento. Programas de educación superior, monitoreo hídrico en tiempo real y fortalecimiento de salud comunitaria revelan una minería más humana, que ya no se define solo por extracción, sino por inclusión y restitución. Más allá de lo económico, Silva insiste en que la minería moderna tiene el deber de elevar la calidad de vida de las comunidades de influencia: “No hablamos de un sector extractivo, hablamos de un ecosistema que puede ser transformador cuando se lo gestiona con transparencia, ciencia y visión”. También te puede interesar: La participación femenina en la minería ecuatoriana alcanzó el 19,56% Energía: un sistema limpio y resiliente desde la base El futuro energético de Ecuador pasa por la descentralización y la autosuficiencia. Eduardo Rosero asegura que las empresas e industrias ya han comenzado a generar su propia energía renovable con base en nuevas normativas, eliminando su dependencia del sistema central. “Esto representa una revolución energética poderosa”, sostiene. La clave es la planificación de proyectos solares, eólicas y geotérmicas que permitan reducir la vulnerabilidad frente a fenómenos climáticos. En lugar de concentrar toda la generación en macroproyectos, el país puede desarrollar redes inteligentes que integren a consumidores como productores. “Los incentivos fiscales y la madurez tecnológica ya permiten a las empresas amortizar sus inversiones en pocos años. El siguiente paso es que el Estado garantice reglas estables y promueva alianzas con gobiernos locales”, afirma Rosero. Así se construye una transición energética sostenible, justa y participativa. Petróleo: eficiencia, gas limpio y una nueva gobernanza En el ámbito petrolero, Roberto Aspiazu enfatiza que uno de los principales retos es detener el desperdicio energético generado por la quema de gas asociado. “Estamos perdiendo un recurso valioso que podría alimentar sistemas de autogeneración o incluso integrarse a la red nacional”, indica el experto. El uso eficiente del gas natural, tanto en generación como en transporte, permitiría reducir emisiones y disminuir la presión sobre fuentes contaminantes. Para lograrlo, se requiere una normativa específica que reconozca el valor del gas capturado y garantice la interconexión de estas fuentes con el sistema eléctrico nacional. Por otra parte, Aspiazu insiste en que Petroecuador debe evolucionar hacia un modelo más ágil, técnico y abierto a cooperación. “El exceso de burocracia no solo limita inversiones, también impide soluciones rápidas frente a riesgos ambientales. La sostenibilidad del sector no llegará sin reformas profundas”, concluye.