Sin embargo, detrás de su nombramiento había algo más profundo: una apuesta clara por acelerar la transformación del banco, sin renunciar a los principios que le han dado solidez durante más de un siglo. Desde sus primeras semanas al frente de la organización, Lasso Alcívar dejó claro que su estilo de liderazgo no sería el del piloto automático. Quería imprimir su propia huella. “Orgullo, satisfacción y compromiso” fueron las tres emociones que lo acompañaron al asumir el cargo, según él mismo relata. Orgullo por el legado construido, satisfacción por los logros alcanzados, y compromiso con la misión de transformar, adaptarse y proyectar al Banco hacia el futuro. Con una visión clara, Guillermo definió un norte: reforzar los valores que han hecho de Banco Guayaquil una marca sólida -cercanía, sencillez y transparencia- y al mismo tiempo llevar adelante una transformación profunda que impacte tanto a clientes como a colaboradores. No se trataba de cambiar por cambiar, sino de evolucionar con sentido estratégico. “Nos íbamos a incomodar todos”, anticipó a su equipo. Esa “buena incomodidad” era una condición necesaria para crecer. En este proceso, ha puesto especial énfasis en un liderazgo más horizontal, humano y cercano. Guillermo cree firmemente en la empatía, la humildad, el respeto y la disciplina como pilares de su gestión. Desde las oficinas hasta los canales digitales, el CEO ha promovido una cultura donde el error no es castigado, sino entendido como parte del aprendizaje. “Cuando se adopta la agilidad como método, se entiende que los errores van a ocurrir. Lo importante es corregir rápido y aprender”, afirma. Uno de los grandes hitos de su gestión ha sido la aceleración del proceso de transformación digital. Hoy, el 80% de los productos de consumo del Banco se venden a través de canales digitales y el 61% de los clientes realiza sus transacciones únicamente por medios digitales. Esta evolución ha demandado una reconfiguración completa de la estructura organizacional, así como la redefinición de procesos, estructuras de costos y modelos de riesgo. Pero para que la transformación sea sostenible, debe partir del liderazgo. Lasso Alcívar inició el cambio desde su propio equipo ejecutivo, promoviendo nuevas metodologías de trabajo y una mentalidad abierta al aprendizaje continuo. Ha impulsado la apificación de los servicios del banco, la adopción de arquitectura tecnológica en la nube y la integración de inteligencia artificial en los procesos clave. “La IA ya no es una opción, es una necesidad estratégica”, enfatiza. Sin embargo, el CEO de Banco Guayaquil no pierde de vista el lado humano de la operación. Bajo su liderazgo, la entidad ha escalado posiciones en rankings como Great Place to Work®, lo que revela coherencia entre el discurso institucional y la experiencia interna. Para Guillermo, el talento se atrae con un propósito claro, pero se retiene con un entorno laboral que valore a la persona detrás del cargo. “Me esfuerzo mucho en el trabajo, pero al llegar a casa me desconecto completamente. Mi familia es mi espacio de recarga”, comparte. En el terreno de la innovación para nuevos públicos, su apuesta más visible ha sido PeiGo, una aplicación de pagos que se ha convertido en la puerta de entrada a la bancarización para miles de ecuatorianos. Con una experiencia 100% digital, fácil y segura, PeiGo permite acceder a tarjetas de débito o crédito, mejorar el manejo de las finanzas personales y construir historial en el sistema financiero. La app está dirigida especialmente a personas no bancarizadas o con servicios limitados, integrando la tecnología como una herramienta financiera que abre nuevas oportunidades y metas para sus usuarios. En lo personal, Guillermo no es de los que predica desde la torre. Escucha antes de hablar, madruga cada día para ejercitarse, y agradece que lo llamen simplemente por su nombre. “Las personas hacen a los cargos, no al revés”, repite con convicción. Su mentor ha sido su padre, de quien ha aprendido tanto por sus logros como por su honestidad al compartir errores. Y si pudiera darle un consejo al Guillermo que empezó hace casi 20 años en el banco, le diría: “No te apures. Valora cada etapa”. También te puede interesar: CEO 360 Eduardo Izurieta: propósito, disciplina y liderazgo desde el ejemplo De cara al futuro, sus prioridades están claras: consolidar la transformación organizacional, preparar al banco para competir en un entorno de banca abierta y profundizar el uso de inteligencia artificial como herramienta de eficiencia y servicio. Todo esto sin perder la esencia que distingue al Banco Guayaquil: la cercanía humana, la integridad, y la visión de largo plazo. Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordado en la historia del banco y del país, responde sin rodeos: “Primero, como una buena persona. Y luego, como alguien que supo ejecutar y también soñar”. Y quizá ahí reside su mayor legado: demostrar que se puede liderar con firmeza sin perder la sensibilidad, innovar sin olvidar la historia y transformar sin dejar de ser uno mismo. Por: Sofía Chávez Tamayo Fotos: Vicente Costales