El liderazgo empresarial atraviesa una etapa de redefinición. Durante su intervención en The Future of Work, María Rosa Romero Jarre, Directora de Recursos Humanos de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), propuso mirar la gratitud no solo como una emoción personal, sino como una práctica organizacional capaz de transformar la manera en que las empresas gestionan a sus equipos. Romero explicó que la gratitud permite ampliar la perspectiva frente a los desafíos profesionales y fortalecer la relación entre líderes y colaboradores. Según diversos estudios científicos, las personas que practican la gratitud tienden a ser más felices, saludables y satisfechas con su vida, lo que impacta directamente en su desempeño laboral. “Liderar desde la gratitud nos permite cercanía y conexión con los equipos, algo fundamental para construir relaciones sólidas y duraderas”, señaló. Desde la neurociencia, añadió, la gratitud activa áreas del cerebro asociadas con la empatía y la convivencia social, lo que refuerza la cooperación y la resiliencia dentro de las organizaciones. Cuando un líder reconoce públicamente el aporte de su equipo, explicó, se genera un motivador natural que impulsa el compromiso y fortalece el sentido de comunidad. En la UTPL, este enfoque se traduce en una cultura institucional basada en el humanismo y en cinco ejes de gestión de personas: cuidado y acompañamiento de los colaboradores, reconocimiento a su aporte, desarrollo y formación continua, provisión de servicios y beneficios, y compromiso social. Para Romero, estos principios reflejan una convicción central: “cuando un líder agradece no solo reconoce el pasado, sino que está construyendo el futuro junto a otros”.