Las urgencias económicas (necesidad de pagar la factura de la pandemia) han hecho fácil y posible lo que hasta hace poco parecía imposible. El éxito del acuerdo depende de que sea refrendado por el G-20, la OCDE y el Congreso de Estados Unidos. Los siete grandes (Estados Unidos, Canadá, Francia, Italia, Alemania, el Reino Unido y Japón), anunciaron un compromiso para el establecimiento de un impuesto mínimo global de sociedades del 15% y para que las corporaciones multinacionales del sector tecnológico y digital paguen tasas, no solo donde tienen establecido su cuartel general (con frecuencia paraísos fiscales), sino en los países en los que operan y generan beneficios. ➤ Ver también: Países de América Latina crecerán más de lo esperado, pero de forma desigual Los ingresos adicionales (el Gobierno Biden estima que USD 500.000 millones tan solo para Estados Unidos a lo largo de la próxima década) se dedicarán en gran parte a pagar los programas de inversiones. El ministro de Economía británico, Rishi Sunak, calificó el acuerdo de “histórico”. Pero, antes de que el adjetivo sea aplicable, habrá de superar toda una serie de obstáculos, empezando por la aprobación por la Cámara de Representantes y el Senado norteamericanos, donde los republicanos son reacios y podrían bloquearlo; y siguiendo por su refrendo en las cumbres del G-20 de julio en Venecia, y de la OCDE en octubre. Los países que suscribieron el pacto ya tienen impuestos de sociedades de más del 15%. Para que el plan sea efectivo hace falta que los demás se apunten, China, Brasil y Rusia, incluidos. Inicialmente, la Administración Biden insistió en una tasa de sociedades global del 21%, más cercana al 28% que Estados Unidos quiere aplicar (un incremento del 7% sobre la actual), a fin de desincentivar a las empresas del país a establecerse en otros lugares con menos presión fiscal. Francia también era partidaria de un tipo superior al 15%, pero otros miembros del club esgrimieron con éxito que no era un objetivo realista si se pretende que el mayor número posible de gobiernos se suban al tren, dado que en Irlanda, por ejemplo, el impuesto corporativo es del 12,5%. “El objetivo es impedir una carrera entre los países para ver quién ofrece impuestos más bajos y obtener un acuerdo que resulte justo para las clases medias y trabajadoras de Estados Unidos y del mundo entero” señaló la secretaria del Tesoro norteamericana, Janet Yellen. “Se trata de una gran noticia para la justicia y la solidaridad en la era digital; y de una muy mala noticia para los paraísos fiscales, ya que las empresas no van a poder eludir sus obligaciones, estableciendo subsidiarias y registrando sus beneficios en los lugares donde la presión es más baja” dijo el ministro de Finanzas alemán, Olaf Scholz. Paolo Gentiloni, comisario de la UE para Asuntos Económicos, prometió que “Bruselas va a hacer todo lo que sea necesario para que el acuerdo tenga éxito”. Fuente: La Vanguardia