En Ecuador, las oportunidades de empleo de las personas con discapacidad son limitadas, muchas veces por prejuicios, barreras de accesibilidad y falta de políticas empresariales que promuevan su integración. En este contexto, Fundación Rett se ha convertido en un referente de transformación, liderando una agenda de inclusión que conecta a las empresas con soluciones prácticas y sostenibles para romper ese ciclo de exclusión. Desde su creación, la Fundación Rett ha trabajado con un enfoque integral que combina investigación, formación, acompañamiento empresarial y desarrollo de modelos innovadores de empleabilidad. Su meta es clara: garantizar que las personas con discapacidad tengan las mismas oportunidades de acceder a un trabajo digno, productivo y alineado con sus talentos. Uno de los hitos más relevantes de su labor es el primer modelo de farmacias inclusivas del país, desarrollado junto a Farmaenlace y su marca Medicity. Este proyecto no solo generó empleo para personas con discapacidad, sino que también capacitó al personal en atención inclusiva y adaptó los entornos físicos para garantizar accesibilidad. “Este modelo demuestra que es posible integrar la diversidad en las operaciones diarias de un negocio y convertirla en un valor agregado para el cliente”, explica Estéfani Espín, presidenta de Fundación Rett. Además, la organización ha diseñado espacios de formación y sensibilización que han alcanzado a cientos de líderes empresariales, gerentes de talento humano y responsables de sostenibilidad. A través de conversatorios, talleres y herramientas prácticas, la Fundación impulsa una cultura empresarial centrada en el talento y no en la discapacidad. “No se trata de cumplir con una cuota o de contratar por caridad. Se trata de generar oportunidades reales, de ajustar perfiles y puestos de trabajo para que cada colaborador pueda aportar al desarrollo del negocio”, añade Espín. El impacto de la Fundación Rett trasciende las fronteras nacionales. Al ser parte de la Red de Empresas Inclusivas y Discapacidad de la OIT y de la Red Iberoamericana de la OISS, puede intercambiar experiencias y llevar las mejores prácticas internacionales a Ecuador. Esta conexión global le ha permitido introducir metodologías probadas, como los ajustes razonables en los procesos de selección y la adaptación de espacios laborales para diferentes tipos de discapacidad. Otro pilar de su acción es el acompañamiento directo a empresas en el diseño de políticas de diversidad, programas de formación para sus equipos y estrategias para medir el impacto de la inclusión en sus indicadores de sostenibilidad. Esta asesoría ha transformado la forma en que compañías de sectores tan diversos como retail, alimentación, farmacéutico y construcción abordan la contratación de talento diverso. Para la Fundación Rett, el futuro del trabajo en Ecuador debe ser inclusivo, diverso y equitativo. Su mensaje es contundente: la inclusión laboral no es solo una responsabilidad ética, sino una estrategia empresarial inteligente. También te puede interesar: La inclusión laboral enriquece a la sociedad Vivir con discapacidad en un espacio laboral "No quiero que me ayuden porque me tienen lástima. Quiero que me den la oportunidad de mostrar lo que sé hacer. Esa es la verdadera inclusión". Pamela Salazar sonríe al recordar sus inicios como periodista en la revista Ekos. Hoy, más de una década después, es coordinadora de comunicación de la Federación Nacional de Ecuatorianos con Discapacidad Física (FENEDIF), una organización que integra a 59 asociaciones y ha logrado insertar a más de 20.000 personas con discapacidad en el ámbito laboral. Su experiencia personal y profesional la convierten en una voz clave para hablar de inclusión. Pamela recalca la importancia del lenguaje: “No somos discapacitadas, somos personas con discapacidad. Es una condición, no un castigo ni una etiqueta que nos defina”. Desde la silla de ruedas que utiliza desde hace seis años, enfatiza que los avances son innegables, pero también lo son las deudas pendientes. La ley que obliga a las empresas con más de 25 empleados a contratar un 4 % de personas con discapacidad abrió una puerta histórica, pero también evidenció limitaciones. “Yo no necesito una cuota, necesito un derecho. El 4 % permitió oportunidades, sí, pero la inclusión no puede reducirse a un número en una nómina”, afirma. Su historia personal ilustra esa paradoja. Trabajó en programas de inclusión con empresas estatales, pero las condiciones eran precarias: baños inaccesibles, escritorios imposibles de usar con silla de ruedas y un espacio laboral que la llevó a tener accidentes graves. “No se trata solo de contratar, se trata de garantizar que el entorno sea accesible y digno. Y eso todavía falta mucho en Ecuador”, señala. La experiencia de su hermano Esteban, con síndrome de Down, refuerza su argumento. Él trabaja en programas protegidos, pero su inclusión nunca ha sido plena: “Una vez lo dejaron encerrado en un camión refrigerado por horas. Nadie sabía cómo comunicarse con él. Ese es el problema: miedo, desconocimiento y falta de preparación para acoger a personas con discapacidad intelectual o psicosocial”. Pamela insiste en que la verdadera inclusión exige cambios de actitud más que rampas. “Puedes tener una ciudad llena de rampas, pero si alguien se parquea en la vereda porque está apurado, ya no sirven. La barrera más grande no es la física, es la actitud”, dice con firmeza. Reconoce a España como un modelo en políticas de inclusión laboral y vida independiente, asegura que Ecuador aún lucha con rezagos estructurales: transporte público inaccesible, falta de material educativo adaptado, burocracia que excluye y una fuerte desigualdad entre ciudad y ruralidad. “La diversidad nos enriquece, pero necesitamos entenderlo desde casa, enseñar a los niños que lo diferente no es un problema, sino parte de la vida”. Su mensaje es claro: la inclusión no puede ser vista como caridad o concesión, sino como un derecho humano fundamental. “No quiero que me ayuden porque me tienen lástima. Quiero que me den la oportunidad de mostrar lo que sé hacer. Esa es la verdadera inclusión”.