Hoy, acceder a cuentas o realizar operaciones puede tomar segundos. Sin embargo, esta misma rapidez, sin las medidas adecuadas, ha abierto la puerta a nuevas modalidades de fraude que afectan tanto a personas como a empresas, muchas veces sin que la víctima lo detecte de inmediato. Casos recientes que han circulado en redes sociales, donde usuarios reportan movimientos no autorizados, reflejan una problemática mayor: el crecimiento de delitos digitales cada vez más sofisticados que incluso aplican tecnología de Inteligencia artificial. Desde Eclipsoft, empresa especializada en soluciones de transformación digital y seguridad, explican que estos fraudes no siempre implican una vulneración directa de los sistemas, sino que muchas veces el acceso ocurre a través del propio usuario. “Hoy los ciberdelincuentes no necesitan romper sistemas. Obtienen accesos legítimos mediante engaños, lo que hace que las plataformas interpreten que es el usuario quien está operando”, explica Byron Añazco, gerente comercial de Eclipsoft. También puedes leer: El impacto de la IA despega en Ecuador, pero persiste una brecha de adopción, según una encuesta de PwC Ecuador. Así operan los estafadores digitales El experto identifica patrones comunes: Phishing o suplantación de identidad: mensajes o enlaces falsos para robar credenciales. Ingeniería social: manipulación mediante urgencia o miedo. Uso de credenciales reales: accesos que parecen legítimos para el sistema. Falta de doble validación: ausencia de OTP o biometría. Dispositivos comprometidos: apps falsas o malware. Movimientos poco visibles: uso de cuentas secundarias o menos monitoreadas. Cómo evitar ser víctima Para reducir riesgos, se recomienda: Activar múltiples capas de autenticación. No compartir claves ni códigos bajo ningún contexto. Verificar siempre los canales antes de ingresar datos. Evitar redes WiFi públicas para transacciones. Monitorear constantemente los movimientos financieros. Mantener dispositivos actualizados y seguros. Frente a este escenario, la seguridad ya no depende solo del usuario, sino de la implementación de tecnologías que validen identidades y protejan cada interacción digital. Estas herramientas permiten reducir el margen de error humano y fortalecer la confianza en los procesos.