En Ecuador, el ejemplo más claro está en la industria camaronera, hoy referente mundial. La combinación de inversión estratégica en I+D+i y formación de talento especializado permitió ganar productividad, sofisticar procesos y acceder a mercados altamente exigentes. En el primer semestre de 2025, el país superó las 600.000 toneladas exportadas y los USD 3.000 millones, consolidándose como principal productor y exportador global. El mensaje es contundente: cuando la innovación se acompaña de capacidades humanas avanzadas, las industrias logran transformaciones estructurales y reposicionamientos internacionales. Entonces, la pregunta clave es: ¿qué competencias debemos desarrollar para replicar este éxito en otros sectores productivos? 1. Competencia técnica profunda: entender la tecnología para transformar procesos La innovación no depende únicamente de capital o infraestructura, sino —sobre todo— del talento que la opera. La primera competencia fundamental es la formación técnica sólida: comprender cómo funciona la tecnología y cómo integrarla en procesos productivos complejos. El sector camaronero lo demuestra: Los programas de selección genómica, que duplicaron la productividad, requieren profesionales en genética cuantitativa, biotecnología acuícola y bioestadística. Los sistemas de visión computarizada, capaces de procesar más de 5 millones de camarones por hora, dependen de técnicos especializados en automatización, análisis de imágenes y variables biológicas. El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum coincide: el 63% de las empresas identifica las brechas técnicas como la principal barrera para transformarse. La ventaja competitiva ya no se obtiene por comprar tecnología, sino por formar a las personas que pueden convertirla en valor sostenible. 2. Competencia analítica: transformar datos en decisiones estratégicas La segunda competencia crítica es la capacidad de interpretar datos y transformarlos en decisiones. Hoy, sectores como agroindustria, logística y finanzas generan volúmenes masivos de información mediante sensores, plataformas digitales y sistemas automatizados. Sin embargo, disponer de datos no garantiza comprender la realidad. Las empresas más competitivas no son las que acumulan información, sino las que cuentan con equipos capaces de: Formular buenas preguntas Identificar patrones Anticipar riesgos Diseñar estrategias basadas en evidencia Tanto la OCDE (Core Foundations for 2030) como el WEF destacan que la alfabetización en datos será una de las capacidades más determinantes para la creación de valor en la próxima década. El análisis de datos deja de ser intuitivo y se convierte en un proceso estructurado que sostiene la innovación. También te puede interesar: La educación ejecutiva se vuelve crítica en 2025: las empresas no frenan la inversión en talento 3. Competencias humanas: ética, liderazgo y propósito Ni la formación técnica ni el análisis de datos bastan si no están sustentados por una tercera dimensión: la humanidad. La innovación transforma ecosistemas, redistribuye poder y genera dilemas éticos que ninguna tecnología puede resolver por sí sola. En la industria camaronera, el liderazgo responsable ha sido tan determinante como la capacidad técnica. La adopción de blockchain para trazabilidad completa —la primera del mundo en hacerlo— fue una decisión ética además de técnica: responder a mercados que exigen transparencia, sostenibilidad y estándares ambientales rigurosos. El Future of Jobs Report 2025 lo confirma: competencias como pensamiento creativo, resiliencia, juicio ético y liderazgo con impacto social figuran entre las que más crecerán en demanda. La lección es clara: la innovación sin propósito puede ser eficiente, pero no será sostenible. Ecosistemas que articulan academia, empresa y Estado Estas competencias no se desarrollan de forma aislada: requieren ecosistemas que conecten formación, investigación, sector productivo y políticas públicas. Ecuador ya cuenta con iniciativas que avanzan en esta línea. Desde la academia, la Universidad de Las Américas (UDLA) impulsa COSMOS, un núcleo de emprendimiento que ha capacitado a más de 4.000 emprendedores y articula mentorías, incubación y redes de colaboración en sectores como tecnología, agroindustria y economía creativa. A nivel intersectorial, el Hub de Innovación AgroBioTech, impulsado por la Alianza para el Emprendimiento y la Innovación (AEI) junto al Municipio de Quito, ConQuito y aliados empresariales y académicos, promueve la transición hacia una agroindustria basada en ciencia, biotecnología y valor agregado. Ambos espacios buscan conectar talento, investigación y sector productivo para catalizar soluciones de alto impacto. El desafío ahora es escalar estos modelos y sostenerlos mediante políticas públicas de largo plazo que fortalezcan la colaboración y permitan retener talento altamente formado. En conclusión, liderar la innovación en Ecuador y en América Latina exige asumir que la formación de talento ya no puede responder a modelos del siglo pasado. Empresas, universidades y Estado deben construir alianzas más estrechas para desarrollar competencias técnicas, cognitivas y socioemocionales alineadas con las transformaciones globales. Si aspiramos a un crecimiento sostenido, debemos fortalecer los vínculos entre creación de conocimiento, transferencia tecnológica y escalamiento de soluciones basadas en ciencia y tecnología. El reto no es solo adoptar nuevas herramientas, sino formar a las personas capaces de imaginarlas, diseñarlas y ponerlas en marcha. Innovar, en última instancia, no es solo cambiar lo que hacemos: es elevar lo que somos como sociedad. Por: Diego Buenaño, Vicerrector Académico de la Universidad de las Américas Este artículo fue publicado en alianza con: