En su discurso inaugural, António Guterres, secretario general de la ONU, ha hecho hincapié en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y en el avance rezagado hacia el cumplimiento de sus metas: sólo el 15% de los ODS están en camino a conseguirse e incluso en algunos se ha dado marcha atrás. Por ello, estos indicadores son una alerta para el mundo y un llamado para aunar esfuerzos. En materia de sostenibilidad, hay un problema clave: ¿cómo satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones? Para abordar esta cuestión primero debemos reconocernos como una sociedad global y asumir el costo de las externalidades negativas de manera justa. Además, la convivencia entre individuos debe darse dentro del marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Por otro lado, debe haber un compromiso transversal a las instituciones e individuos. Los ODS son interdependientes y requieren la colaboración de gobiernos, empresas, sociedad civil y ciudadanos en general para lograrlos. El sector financiero, por supuesto, no puede ser indiferente puesto que sus decisiones tienen un impacto crucial. Siendo así, ¿cómo pueden los bancos y otras instituciones financieras contribuir a la sostenibilidad? La inversión de proyectos coherentes con los ODS, el apoyo a la transición hacia una economía circular o la entrega de estímulos a iniciativas sociales y ambientales de impacto, son formas de hacer finanzas sostenibles. Los bancos, por supuesto, seguirán considerando sus rendimientos económicos, pero las repercusiones futuras en la sociedad y el medio ambiente entrarán a ser un factor determinante en las decisiones de negocio. Con respecto a la sostenibilidad, se consideran tres pilares claves: lo ambiental, lo social y la gobernanza corporativa. En las siglas se maneja como ASG y se promueven como un marco de gestión integral dentro de las empresas que desean generar impacto, incluyendo a los bancos, fondos de inversión y cooperativas. Por esa misma razón, las finanzas de impacto tienen en cuenta el alcance de las inversiones, el manejo de dinero y las decisiones corporativas dentro de las dimensiones ASG. Todo esto se da en un contexto global, es decir, en un mundo altamente interconectado. Actuar de manera urgente pero coordinada será indispensable en el alcance de los ODS. El impacto debe considerar la planeación estratégica y la voluntad, pese a que habrá eventos determinados por la suerte. La pandemia, por ejemplo, fue un evento desafortunado e impredecible que hizo retroceder al mundo en sus avances en materia de bienestar social; no obstante, el COVID también fue un desafío concreto que afrontamos a nivel global y que estamos superando con ahínco y buena comunicación. En Banco ProCredit creemos que una sociedad dispuesta a seguir acuerdos globales es más resiliente ante las adversidades y tiene una mayor capacidad de desarrollo a largo plazo. El éxito financiero no se mide únicamente en términos de ganancias, sino también en términos de los valores que defendemos y el impacto que generamos en la sociedad y el medio ambiente. Generar impacto se ha vuelto apremiante y por eso ratificamos nuestro compromiso con los ODS en nuestra Memoria de Sostenibilidad. Los invitamos a leerla y a unirse al desafío de hacer finanzas sostenibles: https://www.bancoprocreditsostenibilidad.com/publication/d0599f07/mobile/