Ecuador se encuentra liderando la agenda de finanzas azules en la región, poniendo en valor la conexión de su economía con los recursos acuícolas y pesqueros, y conectando la biodiversidad de su territorio con las finanzas. Cabe destacar la especial vinculación con el mar de la población y economías de América Latina y El Caribe; representa 60% del territorio y el 25% de la ciudadanía habita en la costa. Los instrumentos financieros suponen una importante vía para impulsar la conservación y modelos económicos alineados con el desarrollo sostenible. El Gobierno del Ecuador dio un paso adelante en sus esquemas de financiamiento, con la conversión de deuda por naturaleza más grande de un país en la historia, superando casos previos como los de Belice y Barbados. Con esta operación en mayo de 2023, se generaron USD 1.100 millones de ahorro en la deuda del país, con el compromiso de invertir USD 4.450 millones en la protección de las Islas Galápagos. De esta manera, se consigue un doble objetivo. Por un lado, comprometer recursos para la conservación de las áreas protegidas del archipiélago y contribuir al resguardo de la integridad de sus ecosistemas marinos; y, por otro, aliviar la carga de deuda pública, aumentar la estabilidad fiscal y, con ello, que se generen oportunidades de recursos destinados a otras necesidades públicas. Si bien ha tenido quejas por la falta de involucramiento de las comunidades y transparencia del proceso, es considerado un referente en la región, sentando precedente para una siguiente operación en diciembre de 2023, intercambiando USD 1.527 millones de deuda por un crédito de USD 1.000 millones, destinados al Fondo Biocorredor Amazónico, que se enfoca en el desarrollo sostenible, la conservación, la restauración y la investigación de la Amazonía. Los canjes de deuda por naturaleza, incluyendo los destinados a la protección de ecosistemas marinos, resultan sin embargo controversiales, lo cual debe ser considerado por el país antes de avanzar en la adopción del mecanismo. Se critica el escaso valor de los canjes sobre el total de la deuda de los países en desarrollo que los utilizan, los elevados costos de transacción que asumen sus gobiernos, y su desconexión con estrategias de saneamiento fiscal de mayor alcance. En relación al sector privado, Ecuador destaca por las emisiones de bonos azules en parte de su banca. Estos mecanismos son variantes de bonos verdes y/o sostenibles, en que el uso de los recursos está comprometido para financiar proyectos relacionados con el agua desde múltiples enfoques, incluyendo el garantizar el acceso al agua limpia, desarrollar plantas de tratamiento de aguas residuales, programas de reciclaje de plásticos (que pueden contaminar los mares), así como la restauración de ecosistemas marinos, el transporte marítimo sostenible, turismo ecológico e infraestructura de energía renovable en alta mar (principalmente eólica marina). Puede ser posible también que se disponga de los recursos a través de opciones de crédito, que en este caso lo que dichos bancos van a poner a disposición de sus clientes, mediante créditos especializados. Que el país lidere desde su banca estos mecanismos de deuda a nivel internacional, tiene mucho que ver con el protagonismo que en su economía tiene el sector pesquero y acuícola, que aporta alrededor del 1,5 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) y el 13 por ciento de sus exportaciones no petroleras, empleando a 108.000 personas (según datos de IFC, 2022). Banco Internacional fue el pionero, con una emisión de USD 79 millones en 2022, seguido de banco Bolivariano con USD$ 80 millones, en este caso con la particularidad de comprometerse además a adoptar el marco de recomendaciones del Task Force on Nature-related Financial Disclosures (TNFD), es decir, avanzar en la identificación y gestión de los riesgos de su cartera relacionados con la naturaleza y la biodiversidad. El siguiente, que completa la terna actual, fue Banco del Austro, con un programa rotativo de bonos de hasta USD 50 millones, emitido en Panamá. En el contexto global, América Latina representó ya casi la mitad de los bonos azules emitidos en el mundo en 2023, con un valor total de USD 2.000 millones. El papel de la banca de desarrollo ha sido clave, tanto en el apoyo técnico como en la suscripción de las operaciones. También te puede interesar: La educación y la transición verde: Una mirada hacia el futuro El desafío para los bancos se encuentra ahora en movilizar los recursos obtenidos, en parte destinados ya a créditos de clientes que cuentan con certificaciones de resguardo de la naturaleza, pero con un volumen para nuevas operaciones, en que se necesita el compromiso de los clientes. Las condiciones económicas que acompañen a la entrega de los créditos especializados resultan todavía fundamentales en el convencimiento a las empresas, pero es asimismo importante destacar la competitividad que en una economía global y en sus operaciones de exportación les aporta ser empresas más sostenibles, entre otros beneficios. Con la celebración este 22 de marzo del Día Mundial del Agua, tenemos la oportunidad de tener presente las posibilidades económicas que se abren para empresas y gobiernos, en el impulso de una economía más responsable con los recursos naturales y la promoción del desarrollo sostenible, con implicaciones también en la reducción de las desigualdades. Por: Pablo del Arco Fernández - Director América en Valora Consultores