Los fabricantes PSA (Peugeot-Citroën) y FCA (Fiat-Chrysler) se unen para formar Stellantis, el cuarto grupo automovilístico a nivel mundial, en un momento de situación incierta para el sector, y con muchos retos para lograr una auténtica integración industrial y comercial de sus componentes. Desde el sábado pasado, Fiat, Opel, Peugeot, Alfa Romeo, Chrysler, Dodge, Jeep y Maserati saldrán de las plantas de este nuevo fabricante. En conjunto, las 14 marcas del grupo representan alrededor de 9% del mercado automovilístico mundial, con 7.48 millones de vehículos vendidos en 2019. "Tendremos un papel de primer plano en la próxima década en la redefinición de la movilidad, como lo hicieron nuestros padres fundadores con mucha energía", dijo John Elkann, presidente de FCA, refiriéndose a una "fusión histórica". La principal ventaja de la fusión es "claramente el aumento de tamaño" de la compañía, algo "esencial" para las inversiones necesarias en movilidad eléctrica, los desafíos de digitalización, conectividad y conducción autónoma, señala Vittoria Ferraris, responsable de automóvil en Europa de S&P Global Ratings, en París. En esto coincide Andrea Giuricin, responsable de TRA Consulting (Milán), quien asegura que "la electrificación requiere miles de millones de euros en inversiones y con tecnologías compartidas se pueden desarrollar economías de escala". "PSA está claramente por delante de FCA en el desarrollo de automóviles eléctricos e híbridos", lo que ayudará a Fiat y Chrysler, destaca Maria Teresa Bianchi, profesora y especialista de economía empresarial en la Universidad de la Sapienza en Roma. Ferraris también considera que FCA y PSA son muy complementarias, ya que la primera es muy fuerte en Norteamérica con sus vehículos SUV y pick-up, y en Europa con los Fiat pequeños, mientras que PSA es mucho más sólida en los segmentos B y C del mercado. La complementariedad llega hasta América Latina, donde PSA tiene una buena presencia en Argentina, mientras que FCA está bien asentada en Brasil. Fuente: Expansión