Los recientes incidentes de ciberseguridad reportados en diferentes sectores del país vuelven a poner sobre la mesa un desafío crítico para las organizaciones ecuatorianas: la necesidad de fortalecer sus capacidades de prevención, respuesta y continuidad operativa frente a amenazas cada vez más sofisticadas. Especialistas de ESET señalan que el crecimiento acelerado de la digitalización, la adopción de servicios en la nube y el uso intensivo de herramientas basadas en inteligencia artificial están ampliando significativamente la superficie de exposición de empresas e instituciones. “Hoy las organizaciones están enfocadas en cómo aprovechar mejor la IA y acelerar sus procesos digitales, pero muchas veces no están avanzando al mismo ritmo en capacidades de protección, monitoreo y respuesta ante incidentes”, explican expertos de ESET. Según la compañía, uno de los principales errores sigue siendo considerar la ciberseguridad únicamente como una inversión tecnológica y no como una estrategia integral de resiliencia organizacional. Las organizaciones que mejor responden ante una crisis no necesariamente son las que más herramientas adquieren, sino aquellas que han desarrollado protocolos claros, gobierno de seguridad, capacidades de detección y planes de contingencia previamente establecidos. También puedes leer: Detectan espionaje masivo en plataformas de juegos para Windows y Android En este contexto, se recalca la importancia de que las empresas revisen periódicamente aspectos críticos como: Planes de respuesta ante incidentes. Estrategias de continuidad de negocio. Políticas de respaldo y recuperación. Gestión de accesos privilegiados. Protección de datos sensibles. Capacitación y concienciación de usuarios. Monitoreo de terceros y proveedores. Simulaciones y ejercicios de crisis cibernética. Además, los especialistas destacan que normativas y estándares como la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales (LOPDP), los marcos de gestión de riesgos y los controles de seguridad no deben entenderse únicamente como requisitos regulatorios, sino como mecanismos diseñados para reducir impacto financiero, operativo y reputacional. “El problema nunca empieza el día del ataque. Empieza mucho antes, cuando las organizaciones postergan decisiones críticas de preparación pensando que un incidente probablemente nunca ocurrirá”, agregan desde ESET. También se advierte que las tendencias actuales de ransomware ya no se limitan únicamente al cifrado de información. Hoy los grupos criminales combinan robo de datos, extorsión, filtraciones públicas y ataques dirigidos a proveedores o cadenas de suministro para maximizar presión sobre las víctimas. Frente a este panorama, se recomienda a las organizaciones ecuatorianas revisar de manera urgente su postura de seguridad y priorizar inversiones orientadas a resiliencia digital, continuidad operativa y capacidad de recuperación.