En paralelo, la participación del país en PISA 2025 —por primera vez bajo estándares OCDE— abre una ventana estratégica para pasar del diagnóstico a decisiones pedagógicas y de política pública basadas en evidencia. Para María de Lourdes Muñoz, Directora Ejecutiva del Ineval, el momento exige una lectura técnica, pero también estratégica: “Evaluar no es calificar al sistema, es entender dónde están los nudos críticos y cómo intervenir para mejorar”. Aprendizajes frágiles en los niveles clave Las evaluaciones nacionales muestran que la mayoría del estudiantado se concentra en el nivel Elemental, es decir, alcanza nociones básicas, pero no logra consolidar los aprendizajes esperados para su nivel educativo. El patrón es claro: leves mejoras en los subniveles iniciales y avances insuficientes —incluso retrocesos— en Básica Superior y Bachillerato. También puedes leer: 2025, un año con energía y con efecto rebote Este estancamiento no es menor. Son precisamente estos niveles los que definen trayectorias educativas, continuidad hacia la educación superior y, en última instancia, la inserción productiva. “El reto central es sostener y profundizar las mejoras donde hoy se frenan”, señala Muñoz. Matemática, Ciencias y Lectura avanzada: las brechas más visibles Las brechas de aprendizaje se manifiestan con mayor fuerza en Matemática y Ciencias, especialmente en razonamiento lógico, resolución de problemas y aplicación de conceptos. En Lectura, si bien se observan avances en los niveles iniciales, persisten dificultades en comprensión inferencial y pensamiento crítico en los niveles superiores. En Bachillerato, asignaturas como Física, Filosofía y Educación para la Ciudadanía presentan retrocesos que afectan el desarrollo de habilidades clave para el análisis, la argumentación y la toma de decisiones. “No basta con saber leer; necesitamos desarrollar pensamiento crítico”, subraya la directora del Ineval. En términos de gestión educativa, el mensaje es directo: se requiere acompañamiento pedagógico focalizado, uso sistemático de datos para identificar estudiantes en riesgo y metodologías activas que fortalezcan el aprendizaje profundo, más allá de la memorización. Territorio, contexto y liderazgo: una ecuación que explica las brechas La evidencia del Ineval muestra que el desempeño académico no depende de un solo factor. Las brechas responden a una interacción compleja entre territorio, sostenimiento y contexto social. Existen diferencias claras entre zonas urbanas y rurales, entre los regímenes Costa–Galápagos y Sierra–Amazonía, y entre instituciones fiscales y particulares. A ello se suman factores como el nivel socioeconómico, el acceso a recursos educativos, el bienestar emocional, la exposición a violencia en el entorno y la calidad de la interacción pedagógica. “Región y sostenimiento se potencian mutuamente en la generación de brechas”, explica Muñoz. El liderazgo directivo emerge como un factor crítico. Escuelas con equipos directivos sólidos logran crear mejores condiciones para el trabajo docente, incluso en contextos vulnerables. Prácticas como la retroalimentación sistemática, el acompañamiento cercano y la satisfacción con la enseñanza se asocian a mejores resultados. Evaluar bien para confiar en los datos Uno de los ejes estratégicos del Ineval ha sido fortalecer la rigurosidad técnica, la comparabilidad y la transparencia de sus evaluaciones. Los instrumentos se construyen a partir de marcos de referencia sustentados en investigación y experiencias internacionales, con participación de docentes especialistas en cada asignatura. Antes de cada aplicación se realizan procesos de validación y pilotaje, y se aplican análisis psicométricos que aseguran consistencia y comparabilidad en el tiempo. Todo el proceso es documentado para garantizar trazabilidad. “La idea es sencilla: evaluar bien para confiar en los resultados”, resume Muñoz. De los resultados a la acción El desafío no termina en la medición. El Ineval ha orientado su trabajo a que la evaluación se convierta en una herramienta para la acción pública. Los resultados de Ser Estudiante se acompañan de recomendaciones pedagógicas específicas por asignatura, construidas junto a docentes y validadas en territorio. La información se concibe como insumo para tres niveles clave: docentes, que ajustan sus prácticas de aula; directivos, que toman decisiones de mejora institucional; y autoridades, que diseñan políticas educativas basadas en evidencia. El objetivo es cerrar brechas y avanzar hacia un sistema más equitativo y de mayor calidad. PISA 2025 una radiografía del aprendizaje aplicado La participación de Ecuador en PISA 2025 marca un hito dentro de una agenda más amplia de evaluaciones educativas. El país rinde esta prueba bajo estándares de la OCDE y, en paralelo, participa en ERCE 2025, organizada por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación. En ambos casos, el proceso incluyó piloto en 2024 y aplicación nacional en 2025. También te puede interesar: Con Casa Ecuador Abu Dabi - La Embajada de la Naturaleza en el mundo, el país hace historia en la F1 En PISA 2025, el trabajo implicó traducción y adaptación de instrumentos, una prueba piloto en 2024 con más de 2.300 estudiantes y la evaluación nacional en 2025 a más de 9.000 estudiantes de 266 instituciones de todos los sostenimientos. En ERCE 2025 participaron 20 mil estudiantes de 4to y 7mo de básica, de 310 instituciones educativas, ampliando la mirada regional sobre aprendizajes fundamentales. “Evaluar bien es clave para confiar en los resultados”, sostiene Muñoz. PISA evalúa competencias aplicadas en Ciencias, Matemática y Lectura, además del dominio innovador de Aprendizaje en el mundo digital. Los resultados se publicarán en septiembre de 2026 y permitirán medir qué tan capaces son los estudiantes de aplicar conocimientos en situaciones reales, interpretar datos y evaluar evidencias. Para Muñoz, estas mediciones deben funcionar como hoja de ruta. “Los resultados no deben leerse como una calificación del sistema, sino como una oportunidad de mejora”. Bien utilizada, la evidencia puede orientar políticas y prácticas centradas en pensamiento crítico, equidad y pertinencia, claves para preparar a los estudiantes frente a desafíos sociales, productivos y tecnológicos. Competencias digitales El componente digital de PISA 2025 pone el foco en habilidades transversales: aprendizaje autorregulado, navegación crítica de información, uso reflexivo de tecnología y capacidad de ajustar estrategias a partir de retroalimentación. El reto no es entrenar para una prueba, sino desarrollar competencias para aprender y adaptarse en entornos digitales reales, cada vez más presentes en la educación, el trabajo y la vida social.