La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa futura para convertirse en una realidad urgente. En Ecuador, su avance plantea una disyuntiva clave para las universidades: ¿ser espectadores pasivos o protagonistas activos en su desarrollo ético y responsable? Manuel Herrera, Director Académico de Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), sostiene a Revista Ekos que la educación superior no solo debe incorporar la IA, sino liderar su regulación ética y aplicación pedagógica. También te puede interesar: ¿WeTransfer usará tus archivos para entrenar su IA? El cambio en sus términos de uso desata polémica “La universidad debe ser faro y guía”, afirma Herrera, al destacar que la IA transformará profundamente todos los ámbitos de la vida económico, social, cultural y político y, con ello, también el modelo educativo. Por eso, propone que las instituciones integren la IA no solo como una herramienta técnica, sino como una dimensión transversal en los planes de estudio, el diseño de contenidos y los procesos formativos. “Se trata de formar personas capaces de utilizar la tecnología con juicio ético y propósito social”, añade. Sin embargo, el desafío en Ecuador es estructural. La falta de capacitación docente e investigadora, así como la limitada infraestructura técnica, impiden avanzar con la velocidad que demanda el entorno. “Hay que invertir, formar y crear condiciones para que los profesores e investigadores adopten la IA en su día a día”, insiste Herrera. En ese contexto, urge una estrategia nacional que alinee al sector académico con el productivo. Frente a la histórica desconexión entre universidad y mercado laboral, Herrera recomienda fomentar espacios de diálogo entre academia, empresa y sociedad civil. Solo así afirma se podrá adaptar la oferta formativa a las competencias requeridas en un mundo transformado por tecnologías emergentes. “No es solo una cuestión técnica, es también una cuestión ética y cultural”, apunta. Herrera también propone adaptar al contexto ecuatoriano principios internacionales promovidos por la UNIR, como la equidad, la supervisión humana, la transparencia y la sostenibilidad. Estos pilares serían la base de una inteligencia artificial inclusiva y centrada en las personas. “Es fundamental garantizar que el desarrollo de la IA responda al bien común y respete los derechos humanos”, subraya. También puedes leer: Crisis energética: 44% del parque termoeléctrico inoperable ante llegada del estiaje Para los próximos cinco años, la mayor promesa es el aprendizaje personalizado. Algoritmos adaptativos podrían transformar la experiencia educativa, atendiendo las necesidades de cada estudiante y fortaleciendo la inclusión. Pero el experto es claro: “El rol del docente no desaparece; se potencia. La tecnología no reemplaza el criterio humano, lo complementa”. La inteligencia artificial redefine el mapa del conocimiento, pero la brújula debe seguir siendo la ética. En ese camino, las universidades ecuatorianas tienen la oportunidad de marcar un antes y un después.