Así lo revelan decenas de estudios que muestran la presencia de sustancias como ftalatos, parabenos,1,4-dioxano u oxibenzona, o metales como arsénico, mercurio o plomo en labiales, sombras, esmaltes, cremas aclaradoras, productos para el cabello o fragancias, que se encuentran fácilmente y a precios muy bajos en mercados fijos o ambulantes (conocidos como tianguis en México) y tiendas informales. Es el caso del centro de Lima, donde cientos de personas llegan diariamente a las galerías informales que rodean la zona de El Cercado a comprar cosméticos al mayoreo y menudeo bajo la mirada indiferente de funcionarios de fiscalización y control de la Municipalidad. “Yo cada mes o mes y medio vengo a abastecerme (…) acá todo es muy barato”, dijo a SciDev.Net Zenobia Urquiza, una compradora que tiene un puesto de artículos de bazar en un mercado cooperativo de Matucana, una provincia de Lima. “Aprovecho para llevarme algunos artículos de maquillaje que tienen fácil salida, por ejemplo, ahora que es Halloween estoy llevando sombras negras, fosforescentes, esmaltes negros y de colores vivos, eso sale rapidito”, contó. Si bien no hay cifras regionales, se estima que el mercado informal de la belleza y el cuidado personal causa importantes pérdidas. En Perú, por ejemplo, la Cámara de Comercio de Lima reportó en 2024 que el país perdió más de US$263 millones por la falsificación de productos como champús, fragancias, cremas faciales, labiales, talcos y esmaltes de uñas. Y mientras unos pierden, otros ganan: “Diariamente me hago unos 5 palos [5 mil soles, aproximadamente US$1.500] solo en este puesto, a veces más, a veces menos (…), y en total tengo 10 puestos”, comentó el mismo vendedor. Con ganancias tan exorbitantes, no parece realista pensar que este mercado vaya a disminuir. Por el contrario, han surgido laboratorios clandestinos donde se fabrican cosméticos de manera artesanal y sin medidas mínimas de salubridad. En julio de este año, por ejemplo, el gobierno peruano incautó en El Cercado cerca de dos toneladas de productos cosméticos y de higiene personal falsificados, que estaban vencidos, adulterados, sin registro sanitario, o en mal estado de conservación. “Lo preocupante del caso es que el uso de estos productos elaborados con sustancias desconocidas implica un riesgo para la salud, debido a que su uso puede ocasionar escozor, alergias, caída de cabello y otros problemas más graves para la salud”, explicó en esa oportunidad Rumi Cabrera, especialista del Ministerio de Salud. También te puede interesar: Quito estrena el primer conjunto de taxis eléctricos Lo que pasa en Perú se repite en otras ciudades de América Latina, donde ha habido un increíble aumento en el consumo de productos cosméticos. Un informe sobre el mercado latinoamericano formal de belleza y cuidado personal revela que en 2024 este rubro se estimó en USD $58.71 mil millones y se proyecta que alcance los USD $95.06 mil millones en 2034. “La popularidad de estos productos se ha disparado, impulsada en gran medida por la influencia de las redes sociales y la propagación de estándares de belleza poco realistas, especialmente entre los más jóvenes”, advirtió Abdullah M. Alnuqaydan, investigador de la Universidad de Qassim, Arabia Saudita, en un artículo que aborda los riesgos tóxicos de los cosméticos. Luisa Torres, investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), de México, señaló a SciDev.Net que, a diferencia de los países más desarrollados, en América Latina hay mayor vulnerabilidad a los daños de estos productos. “Culturalmente, los usamos más, pero además nuestras condiciones socioeconómicas nos llevan a optar por sacrificar calidad por precio”. A eso hay que sumar una vulnerabilidad comercial que permite que productos que son prohibidos en otros países, como plaguicidas o plásticos, entren a América Latina libremente por la falta o debilidad en las regulaciones. Un ejemplo es la reciente decisión de Europa que prohibió, a partir del 1 de septiembre de 2025, la fabricación, venta y uso de esmaltes de uñas semipermanentes, conocidos como gelish que contengan sustancias potencialmente tóxicas como el óxido de trimetilbenzoil difenilfosfina (TPO) y la N,N-dimetil-p-toluidina (DMT), usados para endurecer y secar el esmalte y que se usan indiscriminadamente en los salones de uñas de la región. Si en Europa están prohibidos, “¿podrían llegar a nuestros tianguis? A lo mejor nos están llegando los productos más baratos y con mayor concentración de sustancias tóxicas. No lo sabemos”, advirtió Torres. Presencias non gratas Las galerías informales de cosméticos de El Cercado no sólo atraen a compradores, también a investigadoras. En 2023, como parte de su tesis para licenciarse como química farmacéutica de la Universidad Mayor de San Marcos, Evelyn Santos hizo uno de los pocos estudios de Perú en donde se analizan los cosméticos que ahí se venden.Con técnicas como la espectrofotometría de absorción atómica, Santos analizó 30 lápices labiales de 10 marcas distintas con un costo menor a un dólar la pieza, y en todas ellas encontró presencia de metales pesados: 0.6 partículas por millón (ppm) de cadmio y 0.2 ppm de mercurio, en promedio. Bajo los estándares de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), que establecen límites máximos de concentraciones de estos metales en cosméticos −1,0 parte por millón (ppm) para mercurio y 00,5 ppm de cadmio− las muestras que analizó Santos tienen cantidades permisibles de mercurio, pero no de cadmio. Y bajo estándares más rigurosos, como los de la Unión Europea, la mayoría de las marcas contienen metales pesados muy por encima de lo permisible. También puedes leer: Corea del Sur desarrolló Textiles sostenibles teñidos con bacterias que desafía a los tintes sintéticos “Y la presencia de metales pesados es muy riesgosa, ya que estos metales tienden a acumularse en el organismo y no sabemos el daño que pueda producirse en el futuro. Los cosméticos son de uso diario, así que hay que alertar a las autoridades sanitarias para que sean más estrictos en la regularización de estos cosméticos”, añadió. Distintos estudios advierten que los metales pesados pueden viajar al torrente sanguíneo a través de la absorción dérmica y causar efectos peligrosos en el cuerpo. El investigador Francisco Bautista, del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México, hizo un análisis parecido al de Santos, también con espectrofotometría, fluorescencia de rayos X y microscopía electrónica de barrido, entre otras. En un artículo publicado este año, Bautista reporta la presencia de metales pesados en labiales y sombras de distintos precios que se venden en los mercados y tianguis de Morelia, la capital de Michoacán, México. Hace unas semanas, el investigador mandó una Carta al editor a la Revista de Salud Pública para advertir que en los labiales de colores violeta, rosa, pardo, rojo, negro, amarillo y magenta de precio bajo, encontraron altas concentraciones de vanadio, un metal cancerígeno (que puede iniciar o estimular el crecimiento de células cancerosas), afecta el sistema respiratorio y digestivo y provoca palpitaciones cardíacas, agotamiento y depresión. De acuerdo con el investigador, el límite recomendable de ingesta de vanadio es menor a los 10 mg por kilogramo de peso corporal. Quiere decir que una persona de 60 kg no debería ingerir más de 600 mg de vanadio. “Pero encontramos concentraciones de millares, es un montón, es muchísimo”, alertó. Bautista y su equipo también encontraron distintas concentraciones de cobre, niobio, níquel, rubidio, estroncio, estaño, bismuto, bario, cromo, así como minerales potencialmente peligrosos como el sulfato de bario y el clorato de plomo, principalmente en cosméticos de rango bajo, o sea los más baratos. “En los lápices labiales de la gama media son preocupantes las concentraciones de zinc (hasta 11.7%) y de níquel (hasta120 mg/kg). También encontramos trazas de bario, bismuto y plomo”, reportó. La exposición crónica a ellos implica que se acumulen en los tejidos corporales, incluyendo el sistema nervioso central, lo que puede llevar a alteraciones neurológicas. Por lo tanto, advirtió Bautista, “no existen concentraciones seguras para el cuerpo humano”.