La investigación concluye que el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en el mercado laboral será más gradual de lo temido, ofreciendo esperanza a los responsables políticos que buscan mitigar sus efectos negativos. Aunque la revolución de la IA sigue siendo destacada, la adopción masiva en el empleo podría ser más lenta de lo anticipado. En un estudio publicado este lunes 22 de enero, investigadores del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT intentaron cuantificar la cuestión no solo de si la IA automatizará los empleos humanos, sino de cuándo podría ocurrir. Los investigadores llegaron a la conclusión de que no es beneficioso desde el punto de vista económico para los empresarios automatizar en este momento la inmensa mayoría de los empleos identificados previamente como vulnerables a la IA.También te puede interesar: Esta es la tecnología que fue arreglada en 2023 y la que se podría mejorar en 2024 Una conclusión clave, por ejemplo, es que solo en el 23% de los casos de salarios pagados a seres humanos por trabajos que podrían ser realizados por herramientas de IA sería rentable para los empleadores sustituirlos por máquinas en este momento. Un estudio del MIT sugiere que la alteración del empleo por la IA probablemente se producirá de manera gradual. Aunque hay un potencial para que la IA reemplace tareas, los investigadores destacan que no ocurrirá de inmediato, ya que, en muchos casos, los humanos son más rentables y económicamente atractivos para realizar ciertos trabajos. Analizando empleos expuestos a la IA, el estudio revela que la implementación real de sistemas automatizados enfrenta desafíos económicos y sugiere que la transición en el mercado laboral será más lenta, brindando a los responsables políticos y empresarios tiempo para prepararse y adaptarse. La directora del FMI, Kristalina Georgieva, recientemente advirtió sobre el impacto de la IA en el empleo, señalando que casi el 40% de los puestos de trabajo podrían verse afectados. El estudio del MIT ofrece una perspectiva cuantitativa sobre la velocidad de la disrupción, permitiendo a los responsables políticos planificar soluciones concretas, como redes de seguridad social y programas de entrenamiento profesional, para mitigar los impactos negativos en el mercado laboral.