Los hallazgos fueron difundidos por el Parque Nacional Galápagos y reportados por medios como El Universo, destacando la urgencia de fortalecer la conservación marina. El análisis abarca siete AMP distribuidas en Ecuador, Colombia, México y Francia. Entre ellas, cuatro oceánicas: Galápagos (Ecuador), Malpelo (Colombia), Clipperton (Francia) y Revillagigedo (México); que albergan algunas de las mayores concentraciones de tiburones del planeta, incluida la críticamente amenazada especie tiburón martillo común (Sphyrna lewini). Estas zonas oceánicas continúan funcionando como refugios clave para grandes depredadores. Sin embargo, el estudio también examinó tres AMP costeras —Machalilla y Galera–San Francisco (Ecuador), e Isla del Caño (Costa Rica)—donde la disminución de tiburones es significativamente mayor. Metodología y principales hallazgos Para medir el estado de las poblaciones marinas, los investigadores utilizaron estaciones de video submarino remoto con carnada (BRUVS), una tecnología que permite registrar especies de forma no invasiva y comparar su abundancia relativa entre diferentes ecosistemas. También puedes leer: Tratado internacional de plásticos: Un camino de desafíos desde Punta del Este hasta Ginebra Los resultados muestran un declive sustancial en la riqueza y presencia de tiburones en las AMP costeras, en contraste con las oceánicas, donde las poblaciones se mantienen en mejores condiciones. Los autores señalan que estas diferencias reflejan la presión persistente de la sobrepesca, especialmente en áreas continentales donde la actividad humana es mayor y los mecanismos de control son más limitados. Implicaciones para la conservación Aunque las áreas oceánicas del PET siguen funcionando como refugios críticos, el estudio subraya que la protección actual no es suficiente para garantizar la estabilidad de las especies más vulnerables. La reducción de tiburones—particularmente de especies depredadoras como el tiburón martillo—puede alterar el equilibrio ecológico completo de los ecosistemas marinos. Los especialistas aseguran que se requiere reforzar la vigilancia, cerrar brechas en la gobernanza pesquera y ampliar la cooperación regional, especialmente entre los países que integran el corredor marino del PET: Ecuador, Colombia, Costa Rica y Panamá. El informe deja una conclusión clara: la conservación debe ser continua, coordinada y efectiva. Sin intervenciones más rigurosas, incluso los refugios oceánicos podrían enfrentar presiones crecientes en el futuro. Fuente: Parque Nacional Galápagos, El Universo.