En la Kumbre de Sostenibilidad 2026, Rosalía Arteaga, Juan Carlos De La Hoz y María José Jaramillo coincidieron en que el bienestar no puede entenderse solo desde indicadores económicos. El foro planteó que la sostenibilidad debe traducirse en oportunidades, formación ciudadana, métricas claras, liderazgo humano y acciones concretas que impacten la vida de las personas. En el foro “Estrategias sostenibles para mejorar el bienestar de las personas”, realizado en el marco de la Kumbre de Sostenibilidad 2026, organizada por Ekos, Verónica Arias, experta en sostenibilidad, abrió la conversación subrayando que el debate no debía quedarse “solo de conceptos”, sino enfocarse en cómo las decisiones “desde lo público, lo privado y el financiamiento pueden generar impactos concretos en la calidad de vida de las personas”. A partir de esa premisa, el panel reunió visiones complementarias para discutir cómo avanzar hacia un desarrollo “verdaderamente sostenible e inclusivo”. La exvicepresidenta de la República, Rosalía Arteaga, planteó que el bienestar debe entenderse desde la multidimensionalidad. Lo definió como “este sentimiento de estar bien”, vinculado tanto a condiciones personales y espirituales como a la satisfacción de necesidades vitales. En su intervención insistió en que el bienestar va más allá de la alimentación, la salud y la educación, e incluye también la felicidad y el sentido de pertenencia. En ese contexto, alertó sobre una realidad que afecta al país: el reclutamiento de niños por mafias y bandas, fenómeno que, dijo, también se explica porque muchos menores encuentran allí una pertenencia que la familia, la escuela o la sociedad no les están dando. Para Arteaga, esa reflexión conecta directamente con sostenibilidad, ciudadanía y futuro. Al hablar de articulación entre sectores, Arteaga señaló que la propia Kumbre es un ejemplo de diálogo entre empresa privada, sector público, organismos internacionales y sociedad civil. A partir de ello defendió la necesidad de “sentarse a la mesa, dialogar, conversar” y luego construir estrategias según cada problemática. Puso como ejemplo la desnutrición infantil, que calificó como un problema gravísimo, y sostuvo que su solución no depende solo de recursos, sino también de educación, agua potable y formación familiar. Más adelante, al proyectar cómo debería verse Ecuador en diez años, insistió en la formación de buenos ciudadanos, en la continuidad de las políticas públicas sin “borrar y va de nuevo”, y en la necesidad de fortalecer capacidades humanas en un contexto marcado por la inteligencia artificial. “Si es que queremos ser todavía seres humanos, tenemos que trabajar muchísimo en qué capacidades como seres humanos queremos desarrollar”, afirmó. Desde la mirada del financiamiento, Juan Carlos De La Hoz, asesor senior de empresas privadas en movilización de financiamiento y estrategia para proyectos, explicó que un proyecto de bienestar y sostenibilidad resulta atractivo para un financiador cuando cuenta con una buena estructura de gobierno, claridad en su propósito, una matriz de resultados y la inclusión de la voz del beneficiario. Señaló que cada vez más inversionistas quieren que su dinero tenga impacto y recalcó que muchas veces existe una desconexión entre buenas intenciones y ejecución. También insistió en la importancia de contar con métricas comparables internacionalmente. Como ejemplo mencionó los bonos temáticos, así como indicadores vinculados a inclusión financiera, salud, desnutrición infantil y mortalidad materna. “Si no se visibilizan, si no están en la agenda pública, es muy difícil que tanto la inversión como las políticas públicas puedan mover la aguja”, advirtió. Por su parte, María José Jaramillo, gerente de la División Empaques Flexibles de Grupasa, llevó el debate al plano operativo y defendió una visión pragmática de la sostenibilidad. Sostuvo que las empresas suelen cometer el error de quedarse en los estándares, los indicadores ESG o el marketing, cuando en realidad la sostenibilidad debe asumirse como una palanca de desarrollo estratégico construida desde el bienestar de las personas. “La gente es la base de cualquier éxito”, afirmó, y añadió que una organización no puede hablar de sostenibilidad si no es rentable, pero tampoco puede hacerlo si no cuida a su gente. En esa línea explicó que, dentro del grupo empresarial, la sostenibilidad atraviesa la excelencia operacional, la mejora continua, la innovación y la tecnología, pero siempre con foco en el colaborador. Jaramillo compartió acciones concretas implementadas en planta, como alfombras antifatiga para quienes trabajan mucho tiempo de pie, rediseño ergonómico de oficinas, medidas preventivas de seguridad, y un enfoque que también incorpora salud física y salud mental. Subrayó que el problema aparece cuando las empresas producen “una memoria de sostenibilidad maravillosa”, pero no tratan bien a sus colaboradores. “Las cosas en la vida hay que hacerlas por convicción”, sostuvo, remarcando que esa convicción debe nacer del líder máximo de la organización para que la estrategia se vuelva parte del ADN de la empresa. También defendió la formación de talento joven a través de programas como Líderes del Futuro, orientado no solo a habilidades técnicas sino también blandas, y afirmó que al país le hacen falta “líderes buenos, líderes que nos hagan sentir orgullosos”. En la ronda final, los panelistas coincidieron en la urgencia de pasar del discurso a la acción. De La Hoz llamó a crear oportunidades, respaldar el liderazgo joven y ser conscientes de la capacidad individual de influir. Jaramillo enfatizó que el liderazgo empresarial debe ser más humano, coherente y ético, y sostuvo que las organizaciones deben construir entornos donde la gente quiera trabajar “contigo, no para ti”. Como cierre, Verónica Arias resumió que la sostenibilidad “no se mide por reportes”, sino “en medidas que mejoran” la vida de las personas. Y dejó una idea final que sintetizó el espíritu del foro: “el futuro no se espera, se construye y empieza con las decisiones que tomamos hoy o mañana”.