El robot de Jacky Im escala poco a poco los 10 metros de un muro de acero mientras él le observa de cerca. Todos los movimientos de esta maquinaria de 660 libras (300 kilos) son recogidos por sensores y cotejados con una ruta previamente programada. Es tan exigente con la obediencia de su robot que desea detectar cualquier giro incorrecto, aun cuando no se aprecie a simple vista. Im es el cofundador de Neptune Robotics, una startup de seis años establecida en Hong Kong que despliega robots resistentes al agua para hacer frente a un gran reto de la industria marítima: la descarbonización. Al año, el transporte marítimo genera unos 1.000 millones de toneladas de CO², una cifra superior a la de Alemania, Francia e Irlanda combinadas. Esta industria es la causante de aproximadamente el 10% de las emisiones relacionadas con el transporte y, conforme aumente el comercio global, se prevé que el coste climático aumentará con él.También te puede interesar: La Economía Circular: un imperativo para la sostenibilidad empresarial La Organización Marítima Internacional (OMI), organización de la ONU que rige el transporte marítimo, pronostica que las emisiones de los navíos se incrementarán un 50% sobre los niveles de 2018 a mitad de este siglo. Con el fin de evitar esta situación, la OMI está pidiendo a los operadores de navíos que sus emisiones se reduzcan a cero de aquí al año 2050, y está considerando incluso implantar la primera tasa obligatoria global sobre las emisiones de gases de efecto invernadero. Varias navieras se están anticipando a la normativa con planes para electrificar sus barcos de carga, en tanto que otras pretenden propulsar sus flotas con hidrógeno, biocombustibles procedentes del aceite de cocina y los desechos alimenticios, y hasta con energía eólica. Sin embargo, ninguno de estos métodos puede competir a gran escala. Neptuno está adoptando un enfoque más simple. En lugar de apuntar al motor de un barco, los robots de la compañía limpian la bioincrustación: algas, percebes y otros organismos que se acumulan en los cascos, añadiendo resistencia y reduciendo la eficiencia del combustible. Si la mitad del casco de un barco está cubierta por una capa de bioincrustación tan delgada como una uña humana, puede aumentar las emisiones del barco hasta en un 30%, según un estudio de 2022 del que es coautor la OMI. “Es como nadar con una manta gruesa”, dice Elizabeth Chan, programadora informática que trabajó en finanzas y tecnología sanitaria antes de cofundar Neptune en 2018 con Im y Kate Ma (ex actuaria de Deloitte y compañera de secundaria de Chan). “Nuestro objetivo es ayudar a las compañías navieras a deshacerse de esa manta”. emisiones del barco hasta en un 30%, según un estudio de 2022 del que es coautor la OMI. Fuente: Bloomberg LíneaFotos de: Robotics Lab