Durante esta manifestación política no encontraba respuesta a por qué diferentes personas e incluso autoridades se negaban a respetar la autonomía y los derechos de la comunidad GLBTIQ+, a pesar de que la Constitución de la República del Ecuador resalta claramente, en su artículo 11 numeral 2, la igualdad y no discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género. Nada ha cambiado. Ataques físicos y psicológicos, generalmente respaldados por políticos y líderes religiosos continúan perpetuándose en varios países alrededor del mundo, donde la homosexualidad es un delito castigado con latigazos, prisión, cadena perpetua e incluso con pena de muerte. Arabia Saudita, Irán, Sudán, Nigeria, Somalia, Argelia y Bangladesh son algunos de ellos, pero no vayamos tan lejos, en países de América como Granada, Jamaica, Guyana o Barbados también lo es. Aunque al parecer en la mayoría de países la comunidad GLBTIQ+ goza de despenalización, las autoridades mantienen una alta deuda en temas de derechos y oportunidades. Los Estados no encuentran, o tal vez ni siquiera buscan maneras de proteger debidamente a estas personas de agresiones y discriminación en ámbitos laborales, de salud y educación donde son agredidos por su condición. Y, qué decir de las clínicas de dehomosexualización que aún existen y cobran altas cantidades por “curar”, principalmente a jóvenes y adolescentes, de una “terrible enfermedad”, la homosexualidad. Organismos internacionales como la ONU, Amnistía Internacional, la CIDH y otros han enfatizado su apoyo. Además, llaman a los gobiernos, a respetar la diversidad y a emitir pronunciamientos públicos, rechazando cualquier acto de discriminación, debido a que en cada rincón del mundo se registran denuncias de organizaciones de derechos humanos por vulneraciones a personas GLBTIQ+. Estas se incrementaron en la pandemia del Covid-19, sacando a la luz arrestos y violaciones, como fue el caso de Antonella Díaz, una mujer trans de 19 años, a quién en 2020 llevaron a un campo para violarla diciéndole que la iban a “hacer macho”. La amenazaron para que no hablara. Y así miles de casos similares. Los derechos humanos son universales, merecemos vivir en sociedades dignas, justas e inclusivas. Los asesinatos a sangre fría por el hecho de vivir y amar libremente deben detenerse de manera firme y urgente. No basta con no ser homofóbico, hay que ser anti homofóbico. Las marchas y manifestaciones que se realizan a manera de protesta social, reivindican el respeto, rechazan la falta de oportunidades, la discriminación y exigen la sensibilización y capacitación a autoridades y fuerzas del orden para que traten como seres de derechos a las personas de la comunidad GLBTIQ+, quienes no cuentan con un documento de identidad que refleje de manera adecuada su identidad de género, orillándolas a la pobreza por falta de oportunidades laborales y empujándolas a la economía informal y al trabajo sexual. El Día Internacional del Orgullo Gay que se celebra cada 28 de junio, surgió como un ejemplo de resistencia ante las represiones policiales a las que la comunidad GLBTIQ+ era sometida en 1969. Se los trataba de “delincuentes y degenerados”, pero la unión hizo la fuerza. Esta rebelión significó el inicio de la lucha por el respeto, la libertad y los derechos, aunque el camino aún sea largo. Por _ Evelin Caiza