Cine Hollywood deja una gran huella ambiental. La producción de películas genera alrededor de 15 millones de toneladas de CO₂ al año. Algunas iniciativas buscan mitigar su impacto con filmaciones más sostenibles. Un estudio de la Universidad de Los Ángeles de 2006, aún hoy el más completo sobre el impacto medioambiental de las producciones cinematográficas, estima que esta industria produce 15 millones de toneladas de CO2 anualmente. En Hollywood, la meca internacional del cine, la realización audiovisual se ha erigido como uno de los mayores contaminantes de la región californiana debido a su elevado consumo enérgico y la emisión de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano y óxidos de nitrógeno), superando a los generados por la industria de los semiconductores o la aviación. En promedio, la producción de una película genera 500 toneladas de CO2, cifra que tiende a aumentar sustantivamente si se trata de una superproducción. Por otro lado, incluso las iniciativas dirigidas a realizar producciones sostenibles se ven en muchas ocasiones enturbiadas por la propia maquinaria hollywoodense: The Amazing Spiderman 2 ganó el premio EMA Green Seal for Production por sus prácticas de reciclaje, sin embargo, en el filme aparecen productos de compañías tecnológicas cuya manufacturación requiere de la extracción de minerales raros, cuya minería atenta habitualmente contra la dignidad y la salud humana al igual que contra el medio ambiente1. El impacto material de la realización cinematográfica se puede explicar desde la idiosincrasia característica de un sector en el que se trabaja habitualmente por proyectos, creando decorados cuya vida es efímera y que demanda de grandes cantidades de energía para poner en marcha el complejo equipo tanto tecnológico como humano que hace posible la realización de las producciones audiovisuales. Videojuegos Las consolas y los juegos en línea requieren altos niveles de energía, lo que contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero. Un solo jugador puede llegar a consumir 72 kilos de dióxido de carbono CO₂ al año. Jugar videojuegos no es neutral para el ambiente. Las consolas y juegos en línea demandan gran cantidad de energía, generan emisiones de gases de efecto invernadero y residuos electrónicos contaminantes al desechar pantallas y equipos. Pero este impacto se puede reducir y te contamos cómo hacerlo a industria de videojuegos es hoy más grande que las industrias del cine y la música combinadas. Según el informe 2023 de Playing for the Planet, el programa ambiental de Naciones Unidas para los videojuegos, hoy más de 3000 millones de personas juegan en línea o usando consolas en sus hogares alrededor del mundo y gastan casi USD 140.000 millones en juegos al año (casi la mitad del PBI de Argentina). Música Festivales y giras musicales generan una gran cantidad de emisiones de CO₂ debido a los viajes aéreos y el uso de infraestructura temporal. Esta industria genera cada año entre 200,000 y 350,000 toneladas de gases de efecto invernadero Desde hace unos años, el sector de la música reflexiona sobre cómo reducir la alta huella climática de giras, conciertos y festivales. Bandas como Coldplay han llegado incluso a plantearse descartar tournées por su impacto ambiental y son muchas las iniciativas en este ámbito que aseguran reducir residuos o emisiones. Un caso particular es el del músico francés Yann Tiersen (Brest, 54 años), compositor de la banda sonora de películas como Amélie o Good Bye, Lenin!, que justo en estos momentos se encuentra de gira por España desplazándose en barco de vela y en furgoneta con conducción "ecorresponsable". Desde 2022 ya no utiliza aviones en sus giras, así que para recorrer las salas españolas con su música salió en barco hace unas semanas de la costa sur de Francia en el Mediterráneo. Fútbol El fútbol genera entre 64 y 66 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente con las emisiones anuales de un país como Austria y 60% superior a las de Uruguay. Uno de los espectáculos más importantes a nivel mundial hoy ya no es un simple deporte, sino también uno de los mayores contaminantes. El fútbol genera entre 64 y 66 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (tCO2e), una cifra comparable con las emisiones anuales de un país como Austria y 60% superior a las de Uruguay. El cambio climático avanza a un ritmo acelerado, siendo una de sus principales causas las emisiones derivadas de los combustibles fósiles, por lo que reducir la quema de petróleo, gas y carbón es una prioridad para el planeta. A pesar de ello, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA, por sus siglas en inglés) y la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf) firmaron un contrato de patrocinio con Aramco, una de las principales petroleras en el mundo. En este informe, los investigadores señalan que sí es posible revertir esta situación, pero se requiere que el fútbol reduzca sus propias emisiones, deje de promover estilos de vida que empeoren la situación climática actual y se convierta en una voz activa para la acción climática. Y algunos deportistas están anuentes a hacerlo.