Ahí está la densa vegetación del norte, conocida por su cordillera montañosa y los acantilados que perfilan su costa, pero también las grandes dunas del sur, sus áridos desiertos o sus mares de olivos; el origen volcánico de las islas Canarias, la naturaleza mediterránea o las joyas escondidas en el interior de la península. Son lugares de ensueño, maravillas naturales para conocer. La Selva de Irati (Navarra) Irati es una tupida masa verde entre brumas que casi no deja pasar la luz del sol, un prodigioso ecosistema que cubre 20.000 hectáreas de los valles y montes del norte de Navarra hasta llegar a Cize y Soule, ya en el sur de Francia. La arrebatadora belleza de esta foresta, compuesta de hayas y abetos en su mayor parte, muestra todas las gamas del verde, hasta que llega el espectáculo de la otoñada, en este caso, algo así como una primavera teñida de marrones increíbles. El alto índice de precipitaciones anuales da origen a una abundante vida animal y vegetal difícil de igualar en otros lugares. Monumento natural de los Mallos de Riglos, Agüero y Peña Rueba (Huesca): Geometrías de piedra El Monumento Natural de los Mallos de Riglos, Agüero y Peña Rueba es un conjunto de enormes formaciones de conglomerados modeladas por la erosión hasta alcanzar formas casi anatómicas. Son paredes de verticalidad mítica que se formaron en el Terciario y que se han convertido en el paraíso de escaladores, pero también de todo aquel que quiera disfrutar de la belleza del entorno. Por ejemplo, es muy preciada la vista de Agüero: destaca la Iglesia de El Salvador cobre el casco urbano, tras el que se levantan las paredes anaranjadas de los mallos. Sin duda, un paisaje de proporciones épicas. Parque Nacional de Timanfaya (Lanzarote): A fuego lento Este parque canario es conocido por sus montañas de fuego, como el popular Manto de la Virgen, la Caldera del corazoncillo y la Montaña rajada. Su origen data de 1730, momento en el que comenzaron las violentas erupciones que se prolongaron en 1736 y, posteriormente, en 1824, que cubrieron de lava el sur de la isla modelando la morfología del paisaje. Timanfaya es una de las mejores muestras de terreno volcánico sin vegetación y regala rincones de gran belleza como el popular Charco de los Clicos, un lago de color verde radiactivo causado por el azufre y las algas y algunas de las mejores playas de las Canarias. También te puede interesar: 8 viajes que debes hacer antes de cumplir 40 años Las Médulas: Una de romanos Declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997, estas colinas rojizas que se entremezclan con la vegetación son una de las maravillas naturales de El Bierzo, en León. Durante el Imperio romano, las Médulas fueron una importante mina de oro, por lo que en el terreno se facilitaron accesos para su extracción y se montó una compleja obra de ingeniería para la canalización del agua. Esta acción, que se desarrolló durante más de cien años, tuvo un importante impacto sobre el entorno, que hizo que la tierra y el agua modelasen el paisaje. La visita cuenta con un aula arqueológica donde se explica la historia del lugar, también hay varias rutas que recorre la zona y se puede acceder al mirador de la Orellán, desde donde se obtienen las mejores vistas del lugar. Playa de las Catedrales (Galicia): El arquitecto es la naturaleza La erosión del viento y el mar ha esculpido en Lugo una de las formaciones más afamadas de la costa gallega: arcos y bóvedas de hasta 32 metros de altura semejantes al de una catedral. Está considerada como una de las 21 playas más bonitas de España, pues cuando baja la marea es posible pasear entre sus galerías naturales. Un lugar único situado entre Ribadeo y Foz que nada tiene que envidiarle a la playa de los 12 apóstoles de Australia. Paraje Natural Torcal de Antequera (Málaga): Un laberinto cárstico Llamado así por los torcales, las formaciones circulares originadas por la erosión del viento, el agua o la nieve, este parque de Antequera guarda algunas de las muestras más representativas del paisaje kárstico de Europa. A través de dos rutas los viajeros pueden adentrarse en un paraje de esculturas naturales como el Tornillo, declarado Monumento Nacional, el Cáliz o el Sombrerillo. Entre sus maravillas naturales también se encuentran sus cuevas y simas, como la del Toro y la Marinaleda I, cuyo principal atractivo son las huellas halladas que datan de la Prehistoria.También puedes leer: Top 10 de los mejores hoteles del mundo Pilares de los Órganos (La Gomera): Un gigante melómano Llamado así por los cilindros de los órganos de las catedrales, estas formaciones rocosas fueron creadas por la erosión del mar sobre los materiales volcánicos. Declarado parque natural, esta joya se alza a 700 metros sobre un acantilado en la costa norte de La Gomera. Debido a su inaccesibilidad, para poder disfrutar de sus vistas será necesario hacerlo en una embarcación desde el mar o en avión, sobrevolándolo. Pozo de los Humos (Salamanca): La cascada perfecta Con una caída de 50 metros, esta cascada situada en el Pozo de los Humos, es una de las maravillas naturales de Salamanca. El agua pertenece al río Uces, un afluente del Duero que se bifurca justo en este punto. El lugar fue descrito por Miguel de Unamuno como “la Caída de esas aguas es una de las más hermosas que pueden verse en aquellos adustos tajos “, de ahí a que el sendero que recorre la zona llegando hasta el agua haya adoptado su nombre. El Pozo de los Humos cuenta con una gran riqueza vegetal, lo que permite dar cobijo a algunos animales como el lobo, la cabra montesa o el lince ibérico, entre otros. También es un buen lugar para avistar aves migratorias. Doñana (Huelva): Una biodiversidad única El parque cumple medio siglo de esplendor natural. El visitante se enfrenta a una extensa riqueza de ecosistemas que diríase un continente en sí mismas: una geografía de humedales que son paso y lugar de cría de miles de aves, playas salvajes, dunas entre pinares, densos bosques de ribera, flamencos, un río, aldeas pintorescas. Parece difícil de abordar, pero nadie dijo que no se pueda visitar tantas veces como se desee, ya sea viniendo desde Sevilla, Cádiz o Huelva. Fuente: National Geographic