Además de los efectos de la pandemia y la invasión de Rusia a Ucrania, los países de América Latina deben enfrentar un tercer shock: el endurecimiento de las condiciones financieras mundiales. Por ahora, las expectativas positivas de crecimiento se mantienen, lo que se ha reflejado en el retorno de los sectores de servicios y el empleo a los niveles previos a la pandemia, y condiciones externas favorables (precios altos de las materias primas, demanda externa y remesas sólidas, y reactivación del turismo). Este hecho ha dado lugar a varios ajustes al alza en las previsiones de crecimiento este año. Sin embargo, los altos niveles de inflación han desencadenado el aumento de las tasas de interés de los bancos centrales y un financiamiento cada vez más escaso y caro. Por su parte, los flujos de capitales a los mercados emergentes están desacelerándose y los costos de financiamiento externo, aumentando. También te puede interesar: Finanzas sociales: una oportunidad para generar desarrollo económico sostenible En este contexto, el FMI ha actualizado la proyección de crecimiento para América Latina y el Caribe este año a 3,5%, desde 3% en julio. Sin embargo, el organismo prevé que el crecimiento se desacelere el próximo año con mayor rapidez de lo proyectado en julio, hasta 1,7%. Pese a los esfuerzos de los principales bancos centrales de la región, la inflación se mantendrá en niveles elevados. Según datos recientes, en Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, la inflación alcanzó el 10%, el máximo en dos décadas. Con esto, los pronósticos de inflación se han revisado al alza, es así que, se estima que las subidas de precios en esos cinco países sea de aproximadamente 7,8% para finales de año y 4,9% para el 2023, cifras que se sitúan por encima de las bandas de tolerancia de los bancos en la mayoría de los casos. Fuente: IMF BLOG