El proyecto Xolokali, Refugio del Ajolote, reportó en el segundo semestre de 2025 avances en reproducción en laboratorio, fortalecimiento comunitario y sensibilización ambiental, según su informe de impacto. La iniciativa articula actores locales y privados en torno a metas medibles de protección de biodiversidad y restauración de ecosistemas de alta montaña. La colaboración con Grupo AJE ha permitido sostener la operación del refugio y ampliar su visibilidad, posicionando la conservación como parte de su agenda empresarial. El aporte financiero y comunicacional facilitó el crecimiento del proyecto y su conexión con jóvenes y comunidades cercanas al área de influencia natural. En el ámbito digital, la estrategia logró vincular a públicos de entre 18 y 35 años mediante contenidos educativos y divulgación ambiental. La narrativa en redes fortaleció la conciencia sobre la situación del ajolote y generó una comunidad activa que respalda acciones de cuidado y monitoreo del entorno boscoso protegido. También te puede interesar: “La sostenibilidad no funciona aislada, se integra a los objetivos del negocio” El refugio opera en un bosque de 15 hectáreas resguardado por Villa Atl, donde se capturan más de 33 toneladas de CO2 al año y se conserva un hábitat clave para anfibios y aves. Este espacio funciona como laboratorio natural para investigación aplicada y manejo responsable de especies en riesgo ecológico. En ese entorno, el laboratorio especializado consiguió la reproducción exitosa del ajolote del altiplano, aumentando la colonia bajo condiciones controladas que reducen la mortalidad temprana. El proceso abre la puerta a futuras liberaciones y a un programa estructurado de recuperación poblacional progresiva El componente social también es central. En 2025 comenzó la restauración de un cuerpo de agua en Atitla, en San Pablo del Monte, con participación de autoridades y habitantes. Ferias, exhibiciones y un Curso de Verano por la Conservación acercaron la biodiversidad a niñas, niños y jóvenes. El proyecto fue reconocido en los Premios Bóscares por su impacto ambiental y comunitario. Para 2026 prevé ampliar la colonia de Ambystoma velasci, reforzar la educación ambiental y avanzar en la restauración de manantiales, consolidando un modelo replicable en América Latina.