La estructuración del modelo de negocio e identificar las oportunidades claves para el inicio, aceleración y consolidación de un negocio es crucial, obligatorio. Hacer un ejercicio de validación sólido es clave para determinar la viabilidad comercial de la idea de negocio y confirmar su aceptación por parte de los consumidores. Esta metodología, punto intermedio entre idear y facturar, facilita la generación de las primeras ventas, aumentando la probabilidad de éxito de cualquier emprendimiento. Un emprendimiento que no factura o que no tiene un potencial de escalabilidad, en opinión de emprendedores seriales, es simplemente un hobby. Validar implica un proceso -casi científico- de experimentación, en el que el emprendedor parte de unos supuestos que le brinda el mercado, constata en este sus hipótesis, genera conclusiones y acumula los aprendizajes como punto de partida de su modelo de negocio, con miras a satisfacer una necesidad debidamente identificada. Después de realizar la validación, es muy importante diseñar y desarrollar rápidamente un prototipo. Al convertir la idea de negocio en algo tangible, se detectan las oportunidades de mejora del producto o servicio para minimizar los riesgos. Este proceso también debe ser entendido como la oportunidad de generar eficiencia de recursos y de hacer los ajustes necesarios para lograr la aceptación del mercado. Por otra parte, realizar una buena segmentación de su mercado objetivo desde el principio es muy importante. Detectar los canales de comercialización adecuados y manejar información básica sobre el impacto financiero de las decisiones que se toman, son algunos de los aspectos que el emprendedor debe tener en cuenta desde el inicio de su proyecto.