La meta hasta el año 2030 es clara: limitar el incremento de la temperatura global a 1.5 °C, y habilitar a la próxima generación a llegar a la edad equipados para los requerimientos de capacidad técnica que demandarán los futuros empleos. Una reciente investigación realizada por McKinsey Global Institute (MGI), examina los aspectos económicos de abordar tanto la pobreza como el cambio climático de forma decisiva, las compensaciones que ello implica y la estimación de progreso alcanzable hasta el año 2030. Para abordar estos retos de forma holística, el crecimiento e innovación representan el principal catalizador para alcanzar las aspiraciones de inclusión económica y transición a Cero-Neto El crecimiento impulsado por la productividad eleva los ingresos y el nivel de vida, al tiempo que desbloquea la capacidad de financiación para un futuro con menos emisiones de carbono. Mientras tanto, la innovación que va de la mano con el crecimiento puede reducir los costos de las tecnologías bajas en emisiones, pudiendo reducir el gasto para la transición a Cero-Neto, y reducir el riesgo de que los hogares enfrenten costos más altos como resultado de ello. El empoderamiento y la inclusión económica mejora los niveles de vida Cuando las personas logran obtener ingresos superiores al límite definido por el Banco Mundial para la extrema pobreza (USD 2,15, por persona, por día, en términos de paridad de poder adquisitivo, o PPP), muchas dimensiones mejoran como consecuencia incluyendo la reducción de mortalidad infantil, incremento de esperanza de vida, años de educación, así como la inclusión digital y financiera. El concepto de empoderamiento económico descrito en esta investigación busca asegurar que todas las personas tengan los medios para acceder a la gama de elementos básicos. Cerca de 4,700 millones de personas (aproximadamente 60% de la población mundial) aún no se encuentran totalmente empoderadas en términos económicos, incluyendo a más de 300 millones de personas provenientes de países de ingresos altos, que tampoco han logrado cubrir sus necesidades, a pesar de no encontrarse en situaciones de pobreza extrema. Para lograr el empoderamiento económico al 2030 se necesitaría impulsar el consumo en una suma cercana a los 37mil millones de dólares y avanzar hacia el cierre de esta brecha es muy relevante, para miles de millones de personas ya que podría generar beneficios a largo plazo no sólo para las personas cuyas vidas mejoran. Con el tiempo crearía un ciclo virtuoso. Muchas más personas tendrían las habilidades y la capacidad para participar en una economía digital y con uso intensivo de conocimientos, convirtiéndose también en consumidores que alimentan el crecimiento futuro. También te puede interesar: Swisscham Ecuador suscribe con ONU Mujeres Ecuador los Principios para el Empoderamiento de las Mujeres El empoderamiento y la transición Cero-Neto se afectan entre sí y algunas tendencias deben gestionarse A medida que las personas avanzan hacia el empoderamiento, su consumo aumenta. Un mayor crecimiento económico incrementa la necesidad de financiamiento para la transición al Cero-Neto. Estimamos que llevar a las personas a la línea de empoderamiento económico podría elevar la demanda de productos y servicios con uso intensivo de energía - y sus emisiones - hasta en un 15% sobre los efectos del crecimiento acelerado. En paralelo, si los Gobiernos toman medidas fiscales estableciendo impuestos al carbono, el consecuente aumento de costos de energía y otros bienes que esto genere podría crear una carga desproporcionada para las personas. Es vital que el Estado ejecute acciones para proteger a los hogares de bajos ingresos de estos potenciales impactos para no limitar aún más el desarrollo económico de las comunidades en dificultades. La transición a Cero-Neto podría a su vez generar un aumento de los empleos en la construcción, y ciertos tipos de manufactura y operaciones que demandan diferentes habilidades. El efecto en los hogares y los mercados de trabajo hacen que sea fundamental gestionar la transición con eficacia y apoyar a los consumidores y trabajadores de las regiones y sectores más afectados. El crecimiento y la innovación: los principales impulsores del empoderamiento económico La innovación a escala es crítica. Centrarse incesantemente en el desarrollo de la tecnología es una de las claves para alcanzar el cero neto y reducir el precio asociado con ello. El despliegue de esfuerzos de I&D eventualmente reducen los costos y cuánto más rápido se ejecuten, menor será el riesgo de que los hogares enfrenten mayores costos de energía. Por el lado de la inclusión, la innovación y la adopción de tecnologías generan demanda de mayores habilidades y mejores empleos. Alrededor de la mitad de los ingresos vitalicios de los trabajadores se deben a la construcción de habilidades a través de la experiencia laboral y el aprendizaje en el trabajo; esta dinámica es especialmente importante para aquellos sin credenciales educativas que comienzan en trabajos de bajos salarios. Las empresas pueden volverse más productivas acelerando ese proceso, pero el perfeccionamiento de las aptitudes no se produce sin un esfuerzo intencional. Cerca del 10% de los trabajadores con habilidades bajas y medias podrían ver un aumento de sus salarios si estuvieran preparados para roles con mejores habilidades para 2030. En resumen, un mayor crecimiento combinado con la creación de empleos más productivos podría contribuir a cerrar otros USD 10 billones de la brecha de empoderamiento global, más allá de lo que el crecimiento estándar. En este escenario, la proporción de la población global por debajo de la línea de empoderamiento puede caer del 60 al 30%. Nos acercamos a un momento decisivo La importancia del crecimiento impulsado por la productividad no puede exagerarse. Es más probable que se persigan agendas visionarias cuando el panorama es positivo. Si bien el crecimiento no puede superar todos los desafíos estructurales, crea un espacio para nuevas soluciones y, aunque históricamente el crecimiento ha aumentado tanto las emisiones como la desigualdad, las empresas, las instituciones y los gobiernos pueden abordar estas externalidades más directamente. Para las economías en desarrollo, las perspectivas de que más personas salgan de la pobreza están inextricablemente ligadas a su capacidad de crecer. Estos países necesitarían duplicar su productividad, habilidades desarrollo, avances tecnológicos, y principalmente, gestionar reformas institucionales a través de marcos legales más claros para los derechos de propiedad y una supervisión más sólida que evite fugas de gasto público. La ventaja de hacerlo es convincente: un mayor crecimiento y una mayor innovación podrían hacer que unos 600 millones de personas salieran de la pobreza, dando pasos importantes en su camino hacia el empoderamiento económico total. Incluso en ausencia de mayores compromisos y transferencias internacionales, el crecimiento y las acciones de las empresas realicen por su cuenta, pueden desencadenar avances reales que cambien vidas. La innovación a escala es fundamental En cuanto a inclusión, se requerirán enfoques audaces en las políticas, finanzas, tecnología e industria la innovación. La adopción de tecnología genera demanda de mayores habilidades y mejores empleos que permitan a las personas aprovechar las oportunidades de aumentar la eficiencia y reducir los costos de las necesidades básicas y contener el cambio climático. Las posibilidades podrían incluir la creación de nuevos instrumentos de financiación multilateral; la integración de los países de bajos ingresos en los flujos mundiales de capital y comercio de una manera que eleve a las comunidades locales y a las pequeñas empresas; el desarrollo de ciudades sostenibles con viviendas asequibles; el fortalecimiento de los sistemas educativos y de atención de la salud en todo el mundo; y el diseño de mercados eficaces de carbono, incluidos incentivos para que los países preserven la biodiversidad y los sumideros críticos de carbono. El progreso hacia el empoderamiento y el Cero-Neto dependería de que los actores privados, los gobiernos, las ONGs y las organizaciones sin fines de lucro combinen sus capacidades, experiencia y piensen sin límites acerca de cómo pueden contribuir a enfrentar este momento, independientemente de si los países logran cerrar por completo o no las brechas. La necesidad de financiamiento es sólo un aspecto de lo que habría que hacer. Lograr un consenso y avanzar hacia la implementación de estrategias sería increíblemente complejo, ya que los países que decidan asumir estas transformaciones generacionales necesitan una magnitud completamente diferente de cooperación público-privada. . El tamaño del desafío no debe ser motivo de renuncia, más bien un llamado para que todos se pongan manos a la obra sobre lo que se puede comenzar a hacer hoy. Por: Carlos Buitrago, socio de McKinsey & Company y Office Manager de McKinsey en Ecuador