Entre marzo de 2018 y marzo de 2019, la tasa de empleo pleno ha bajado del 41,1% al 37,9%. Esto implica una pérdida de 261.767 empleos adecuados, y si bien la tasa de desempleo no sufre variaciones significativas, la de empleo inadecuado (subempleo, empleo no remunerado y otro empleo no pleno) crece de 54,5% a 57,5%, haciendo que el ingreso laboral promedio de los hogares se vea afectado y regrese a niveles del año 2012.La tasa de desempleo en Ecuador es del 4,6%, la cifra a nivel urbano se sitúa en 5,2% y es de 2,2% a nivel rural, y la cifra es más alta en las mujeres (5,7%) que en los hombres (3,8%). El desempleo es más grave en los jóvenes, ya que el 68% de los desempleados se encuentra en el rango de 15 a 35 años de edad. Así la tasa de desempleo en el rango de 15 a 24 años es del 10% y el empleo pleno apenas se ubica en el 20%, demostrando la existencia de un alto grado de empleo no adecuado en este segmento poblacional.El desempleo es más palpable en Quito, ciudad que tiene el más alto entre las que mide el INEC, con 9,7%. El desempleo de la capital se ha incrementado un 5,3% en 5 años desde el 4,4% reportado en 2015. Le sigue de lejos Ambato y Cuenca ( 5,4%).Cuenca y Quito, pese a ser las ciudades con las tasas de desempleo más altas, también son las que mantienen niveles de empleo adecuado superiores. Cuenca reporta empleo pleno del 64%, mientras que en Quito, el 60% de la PEA tiene un empleo adecuado. Esto ocurre por la estructura productiva que poseen estas ciudades. Por el contrario Guayaquil, que reporta una tasa de desempleo del 3,7%, mantiene apenas un 49% de empleo pleno, lo que implica que sus niveles de empleo inadecuado se ubiquen en el 47,3%. Lo que llamamos empleo inadecuado es aquel en el que las personas no alcanzan a las condiciones y características de un empleo pleno, como lo son: ganar al menos un salario básico, trabajar una jornada de 8 horas y tener acceso a la seguridad social. De hecho tan solo el 29,2% de las personas con empleo aseguró estar afiliado al IESS y el 12,2% a otros seguros, lo que deja al 58,6% de las personas que trabajan sin cobertura de seguridad social.La composición del empleo en el sector privado y público no ha sufrido variaciones significativas. Esto implica que gran parte de las personas que han salido del sector público han reingresado pero con peores condiciones laborales. El 92,4% del empleo se genera en el sector privado y el 7,6% en el público, un 0,4% menos que el 8% visto en 2018.Bajo este contexto la precarización laboral es evidente al observar el ingreso laboral promedio de las personas que trabajan, de hecho se registra un valor inferior al salario básico y que disminuye de forma importante en los últimos años. El ingreso laboral promedio ha bajado entre 2018 y 2019 de USD 342,3 a USD 320,5 y la brecha salarial entre hombres y mujeres se ubica en USD 56; un hombre gana en promedio USD 341,4 y una mujer USD 285,4.En el último año se reconfiguró la composición del empleo sectorial, demostrando una movilidad de fuerza laboral en la economía. El sector agrícola pasó de generar el 28,3% al 30,1% del total de empleo de la economía (1,8%) y se redujo la aportación al empleo en sectores clave como: Comercio (-0,5%), Construcción (-0,6%) y Manufactura (-1,2%). Sin embargo en el sector agrícola apenas el 10% es empleo pleno. Esta problemática ha destapado el debate de la necesidad urgente de reformas laborales, que faciliten la contratación de las empresas, de tal forma que se absorba la oferta de trabajo de una manera más eficiente. Se deben discutir temas relacionados a la contratación por horas, contratos eventuales y al período de prueba para la evaluación de un trabajador antes del contrato indefinido, también hay que reconsiderar los salarios mínimos sectoriales. Dentro de las reformas que se discuten actualmente y que necesitan la aprobación de la Asamblea Nacional, se plantea la creación de un contrato por emprendimiento en el que se facilite la extensión del contrato de prueba hasta por 3 años para las empresas que recién nacen, la eliminación del 35% de recargo de contrato eventual y ocasional; y la flexibilización de la jornada de 8 horas, manteniendo la jornada máxima de 40 horas, pero que se pueda cumplir entre 4 y 6 días y con jornadas laborales máximas de 12 horas diarias. El empleo y su composición son una señal más de la salud de la economía. Pese al crecimiento observado en 2017 y 2018, la mayor parte de los indicadores sociales se han visto afectados. A la economía se le hace cada vez más difícil crecer y el período de ajuste entre 2019 y 2020 tendrá un costo social. Por ello las medidas económicas deben poner la casa en orden, para que se crezca de forma sostenible en el tiempo, y que se recuperen los indicadores de bienestar que ya están afectados. Ojalá el costo valga la pena."Uno de los graves problemas en la actualidad es el alto desempleo juvenil. De acuerdo a nuestro estudio, solo el 28% de las personas entre 18 y 30 años tiene un trabajo formal. Esto se debe a que las empresas, más allá de la formación académica, buscan perfiles con experiencia en actividades específicas y, además de los planes de pasantías propuestos por el Gobierno, no existen suficientes programas desde las empresas para la empleabilidad de jóvenes, que permitan completar su formación con prácticas desde la universidad. Dentro de las reformas laborales hay que repensar la Ley de Empleo Juvenil, que establece beneficios o incentivos si los jóvenes sobrepasan los 6 meses de permanencia en la empresa, por ejemplo. Nosotros proponemos que los incentivos por contratar a personas jóvenes se establezcan desde el inicio de la relación laboral, así las empresas pueden tener una razón más para contratar y los jóvenes irán adquiriendo la experiencia que les falta para insertarse en el mercado laboral.