El año termina con excesos alimenticios. Para muchos resulta inevitable alterar sus rutinas de comida a causa de los compromisos sociales que se presentan en el mes de diciembre. Pero a la vez, esto genera la necesidad de empezar una dieta que no solo permite desintoxicarse, sino adquirir hábitos que mejoren el estado de salud y proporcionen un bienestar integral. Pero para lograrlo, es importante entender que la buena nutrición no es una dieta temporal, sino que debe ser un estilo de vida sostenible. Para alcanzar este objetivo, conversamos con nutricionistas y expertos en el tema, quienes nos dieron consejos para que comer bien se convierta en un hábito en el 2025 y no solo un deseo que se desvanece con el tiempo quienes destacaron que es necesario conocer las propiedades de los nutrientes que se encuentran en los alimentos, dando la debida importancia a la educación nutricional. Año nuevo, nuevos hábitos alimentarios Para la nutricionista clínica, Andrea Gómez, iniciar el año con un enfoque en la nutrición es fundamental porque nuestros hábitos alimenticios impactan directamente en nuestra energía, salud y calidad de vida. Establecer metas claras en alimentación permite prevenir enfermedades, mantener un peso saludable y mejorar nuestra relación con la comida, lo que repercute positivamente en nuestras emociones y productividad. Es que la alimentación saludable trae consigo muchos beneficios. “Alimentarse de forma saludable optimiza nuestra función cerebral, fortalece el sistema inmunológico, mejora nuestra calidad de sueño y nos brinda energía sostenida durante el día. Además, influye en nuestra salud emocional, ya que una dieta equilibrada favorece la producción de neurotransmisores relacionados con el bienestar, como la serotonina. También reduce el riesgo de enfermedades crónicas, lo que mejora nuestra calidad de vida”, explica la nutricionista. Y aunque la alimentación debe ir acompañada de actividad física, esta influye más en el resultado final. Para la especialista, la alimentación representa aproximadamente el 70-80% del bienestar total, ya que proporciona los nutrientes necesarios para que el cuerpo funcione de manera óptima. La actividad física, que contribuye con el 20-30%, complementa este balance al mejorar la fuerza, resistencia y salud cardiovascular. También te puede interesar: Las combinaciones de los alimentos y la salud intestinal Elementos de un Plato Saludable Verduras y Hortalizas: Porcentaje: 50% del plato. Recomendación: Incluir una amplia variedad de colores y tipos, tanto crudas como cocidas. Se sugiere consumir al menos 2 raciones al día, equivalentes a 150-200 g por ración. Cereales y Tubérculos: Porcentaje: 25-30% del plato. Recomendación: Preferir cereales integrales (arroz, pasta, pan integral) y limitar el consumo de tubérculos a un máximo de tres raciones por semana. Se recomienda consumir entre 4-6 raciones diarias, con porciones de 60-80 g para cereales. Proteínas (Carnes, Pescados, Huevos y Legumbres): Porcentaje: 20-25% del plato. Recomendación: Incluir fuentes de proteínas magras como pollo, pavo, pescado y legumbres. Se sugiere consumir pescado y carnes magras de forma regular, mientras que las legumbres deben incluirse en la dieta al menos 2-4 veces por semana. Frutas: Porcentaje: Como postre o complemento. Recomendación: Consumir al menos 3 raciones diarias (120-200 g cada una), variando los tipos y colores para maximizar los beneficios nutricionales. Grasas Saludables: Porcentaje: Aproximadamente 10-15% del plato. Recomendación: Usar grasas saludables como el aceite de oliva virgen para cocinar y aliñar. Se sugiere entre 3-6 raciones diarias, con una cucharada como porción estándar. Lácteos: Porcentaje: Opcional, dependiendo del plato. Recomendación: Incluir productos lácteos bajos en grasa como yogur o queso fresco en cantidades moderadas (2-4 raciones al día) para aportar calcio y otros nutrientes. Agua: Importancia: Beber suficiente agua es esencial para una buena hidratación y debe ser parte integral de cada comida. Este enfoque permite asegurar que el plato no solo sea equilibrado en términos de macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas), sino también rico en micronutrientes esenciales para mantener una buena salud general.