En los años recientes, un gran número de marcas de lujo han hecho declaraciones similares; la lista incluye a nombres como Burberry, Gucci, Chanel, Phillip Lim, Coach, Diane Von Furstenberg, DKNY, Michael Kors, Versace y Armani, quienes han dejado de usar visón, zorro, chinchilla, conejo y otros tipo de piel. Ahora, Valentino ha anunciado que dejará de usar pieles de animales en 2022, que detendrá la producción de su compañía de abrigos Valentino Polar y que cerrará su marca hermana, Red Valentino, en 2024. Esto no está ocurriendo únicamente entre las marcas independientes. En 2018, el Consejo Británico de la Moda votó para que la Semana de la Moda de Londres se volviera libre de pieles animales (Inglaterra prohibió las granjas que producen animales para el uso de su piel en 2000, pero la importación sigue siendo legal y en 2017 el valor de estas importaciones fue de casi 75 millones de libras). Entre los minoristas, el Grupo Yoox Net-a-Porter anunció su decisión de dejar de vender pieles en 2017 mientras que Farfetch se comprometió a eliminar productos hechos de piel animal o de especies en peligro de extinción para finales de 2020. El gigante de la moda estadounidense Macy’s un lugar donde, antes, los abrigos de piel se vendían por cientos e incluso miles de dólares expresó su intención de hacer lo mismo. Mientras tanto, en 2019, California aprobó una ley estatal que prohíbe la manufactura y venta de nuevos productos de piel, tras la promulgación de leyes similares en San Francisco y Los Ángeles. Incluso la Reina reconoció el cambio de actitud hacia las pieles ese mismo año, el Palacio de Buckingham dijo que todas las prendas nuevas hechas para la monarca sólo emplearían piel falsa. Fuente: Temu al descubierto: Las cinco estafas más comunes en la plataforma de moda Una breve historia del activismo en contra del pelo animal Es un golpe para una industria que, en años recientes, parecía estar experimentando un boom. Entre 2000 y 2010, hubo un aumento de 70 por ciento en las ventas de pieles, mientras que en 2014 el comercio estuvo valuado en más de 40 mil millones de dólares por la Federación Internacional de Peletería. El movimiento en contra de las pieles se ha estado gestando a lo largo de décadas. La formación de PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) en Estados Unidos durante los años 80 dio lugar a una ola temprana de activismo, empleando tácticas (que son bien conocidas) como protestar afuera de los desfiles de moda, arrojar sangre falsa a los diseñadores y motivar a personas prominentes de la vida pública a desvestirse y proclamar que ‘preferían estar desnudas que usar pieles’. A mediados de los años 90, supermodelos como Naomi Campbell y Christy Turlington aparecieron en campañas de PETA –a pesar de que, desde entonces, Campbell ha cambiado de opinión e incluso protagonizó campañas para el peletero Dennis Basso en 2009. Otras campañas recurrieron a imágenes igualmente impactantes: una colaboración de 1984 entre Greenpeace y la organización anti-pieles Lynx utilizó la frase: ‘Se requieren hasta 40 animales tontos para hacer un abrigo de piel. El impacto inmediato fue notorio. Calvin Klein dejó de trabajar con pieles en 1994. En noviembre de ese mismo año Cindy Crawford apareció en la portada de la revista New York utilizando únicamente un sombrero de piel falsa diseñado por Todd Oldham en colaboración con PETA. El ánimo cultural general apuntaba a que la decisión de utilizar pieles era moralmente cuestionable y las ventas cayeron. También puedes leer: Generación Z le apuesta a la moda sostenible El resurgimiento del movimiento en contra de las pieles ¿por qué ahora? Sin embargo, conforme se acercaba el nuevo milenio las ventas de pieles comenzaron a aumentar de nuevo –a pesar de que las nuevas plataformas digitales ofrecían nuevas posibilidades para mostrar algunos de los espantosos abusos en contra del bienestar animal. Y a pesar de que un subsecuente número de diseñadores declararon estar en contra del uso de pieles –incluyendo a Vivienne Westwood en 2007–, fue recientemente que la opinión pública se declaró vehementemente en contra de las pieles otra vez. Hay varias razones para esto. Si bien el impacto acumulativo de los titulares que destacan el impacto de las acciones de los activistas ha ayudado a generar conversaciones, algunas tácticas contra el uso de pieles de animales pueden ser vistas como extremas. Así que, son las personas que trabajan tras bastidores las que han sido pieza fundamental en la generación del cambio. La organización defensora de los derechos de los animales Humane Society International (HSI) ha establecido diálogos con marcas que incluyen a Prada y Gucci –con resultados positivos hasta el momento. ‘Tenemos una política de puertas abiertas con todas las compañías y años de experiencia con una gran cantidad de minoristas y diseñadores –y, desde luego, una reputación de ser discretos, lo cual genera confianza’, dice a Vogue PJ Smith, director de políticas de moda de HSI. La incomodidad que la moda muestra ahora hacia el uso de las pieles es un indicador de que el mundo y las audiencias están cambiando –con exigencias cada vez mayores de transparencia, sostenibilidad y rendición de cuentas de manera global. ‘Finalmente, las compañías están escuchando a nuestros clientes, quienes no quieren apoyar la crueldad extrema y la destrucción ambiental asociada a la producción de pieles’, añade Smith. ‘Están creando políticas que se están en línea con esos valores; y los consumidores están premiando a aquellas compañías que apuestan por una promoción positiva.’ La búsqueda de alternativas innovadoras Un gran número de marcas ha hecho énfasis en su deseo de invertir en el desarrollo de nuevos materiales que sustituyan las viejas pieles. Maison Atia, establecida en Nueva York, es dirigida por la peletera de sexta generación Chloé Mendel, quien busca replicar el lujo de la artesanía asociada a las pieles a través de sus prendas confeccionadas en su totalidad con pieles falsas. tienen un período de vida menor y no se biodegradan. Pero, de nuevo, las pieles reales son tratadas con químicos agresivos para hacer posible su uso; y otras alternativas también recurren a productos derivados de los animales como la lana de oveja y la angora. Es un tema turbio y tanto los defensores de las pieles reales como de las pieles falsas aseguran que su alternativa es la opción más sostenible. También puedes leer: Más que moda: Estas marcas de lujo expandieron sus negocios a la gastronomía Entonces, ¿es este el fin de las pieles reales? No todo el mundo le está volviendo la espalda a las pieles. Saga Furs, una marca finlandesa y casa de subastas, asegura que la gente joven es su grupo de consumidores de mayor crecimiento. Como Tia Matthews, directora del negocio de moda, dice a Vogue: ‘Los consumidores ya no están comprando únicamente un producto, sino una historia y todo lo que esta representa. Están interesados en los procesos de producción, desde los materiales hasta el origen de los ingredientes, de la producción a la distribución, así como en la información relacionada con todas las partes involucradas –y esto es especialmente cierto para los millennials y la Generación Z.’ Matthews señala que si bien en los años recientes se ha visto un impacto en la reputación de las pieles, las ventas siguen siendo fuertes. ‘Perder marcas por el hecho de que decidieron dejar de utilizar pieles fue un golpe a la imagen del sector, pero no ocurrió lo mismo con las ventas globales ni la demanda de mercado: en un 60 por ciento de las pasarelas del año pasado hubo pieles animales. Los diseñadores emergentes también están adoptando estos materiales y los están empleando tanto en sus pasarelas como en las colecciones que salen a la venta.’ Euromonitor International estima que la producción global de pieles y de productos hechos con ellas (incluyendo las pieles falsas) cayó en un 13,3 por ciento el año pasado. Todavía falta ver si el futuro será completamente libre de pieles de animales, pero por el momento una época en la que cada semana escuchamos más noticias acerca de marcas y minoristas que están renegociando su relación con las pieles estamos viviendo, sin duda, un tiempo de cambio de conciencia. Fuente: Vogue