En una pequeña casa por el norte de Quito -en 1994- se construyó un proyecto destinado a ofrecer a niños con discapacidad intelectual mejores oportunidades de desarrollo. “Empezamos con 13 estudiantes, pero cada día aparecían más pequeños, cuyos padres veían en la Fundación una luz de esperanza”, menciona su Presidenta, Nancy de Maldonado. El espacio, después de una gran acogida, se hizo pequeño. Es así como, el exalcalde de Quito -Roque Sevilla- otorgó un terreno mediante comodato. Sin embargo, las socias no poseían los medios necesarios para diseñar un nuevo campus, a lo que Nancy menciona: “muchos sueños, sin financiamiento”. Cuando las cosas se hacen con excelencia, pasión y perseverancia, la ayuda toca tu puerta. Y es que, a veces, la vida te sorprende. “Un día, un alto ejecutivo de la Organización Christian Horizons de Canadá se ofreció a financiarnos para iniciar la construcción de la escuela, la cual fue realizada por el ingeniero José Rivadeneira, quien la hizo funcional a las necesidades, exigencias y detalles de los alumnos”, cuenta la Presidenta. El campus se levantó con la expectativa para atender 50 estudiantes, hoy son 160 beneficiarios directos. Su propuesta incluye educación con los más altos estándares de calidad. El 80% de sus estudiantes provienen de familias con altas limitaciones económicas, por lo que reciben asistencia financiera a través de un sistema de pensión diferenciada. Un acierto en la formación de sus hijos han sido las artes escénicas a través de talleres de teatro, danza, música y artes plásticas; fueron varias las obras de teatro que cada año emocionaron a los padres y a un gran público. En el año 2009 se estrenó la obra ‘Sueños’, la cual incluyó a más de 100 personas con discapacidad en escena. Mientras tanto, las clases seguían, y todos veían el avance de sus estudiantes en su formación y desarrollo educativo a través de un entrenamiento pragmático, que les permitía participar de la inclusión social. Nuevamente las instalaciones, que parecían amplias, se hacían más limitadas. Ahí vieron la necesidad de contar con un campus más amplio para cubrir los requerimientos del momento. Los tiempos y los objetivos cambian Las condiciones de gobierno generaron una Ley Orgánica de Discapacidades y, con ello, se abrió la oportunidad del ingreso al mundo laboral a las personas con esta condición. Fue un reto y Fundación El Triángulo debía responder a esta nueva realidad, tanto de las personas con discapacidad intelectual, así como de las empresas, pues no conocían cómo generar un proceso funcional y exitoso. Su equipo, liderado por la doctora Isabel Muñoz, desarrolló un proyecto real de trabajo para sus estudiantes, basado en la modalidad presencial, con tutoría permanente y en taller protegido. “Es motivo de orgullo indicar que, a la fecha, 60 de nuestros estudiantes son colaboradores de vinculación laboral han tenido un gran nivel de acogida, por lo que a fin de dar respuesta a estas necesidades, Fundación El Triángulo editó un ‘Manual de Inclusión Laboral para Adolescentes con Discapacidad Intelectual, en Edad Legal para Trabajar’, creado para el Ministerio de Trabajo. “Aspiramos a que esta herramienta permita al sector público y privado generar oportunidades de integración laboral”, explica la Presidenta. “Es agradable encontrar en el camino personas que comparten nuestra visión” Por otro lado, cuentan con un programa de Inclusión Laboral, que se mantiene como una estrategia vanguardista de inclusión y la cual ha reportado óptimos resultados para todos los involucrados en el proceso laboral: tanto para las personas con discapacidad intelectual, las empresas contratantes, como para los estudiantes, colaboradores y sus representantes.