Frente a la crisis provocada por el Covid-19, Alemania, que ocupa la Presidencia del Consejo de la UE desde este 1 de julio hasta el 31 de diciembre, está dispuesta ahora a adoptar un rol muy diferente al que tuvo durante las crisis económicas de la década pasada, y no solo por razones solidarias. Obsesión con las cuentas públicas saneadas Hasta ahora, los responsables económicos de los gobiernos de Angela Merkel han sido rigurosamente obstinados con la reducción de la deuda pública y el mantenimiento de superávits (o al menos del equilibrio fiscal). Es la teoría del Schwarze Null (déficit cero), que casi se ha convertido en una ideología nacional. Su origen se remonta a comienzos de este siglo, cuando Alemania fue considerada la economía enferma de Europa por el alto coste de su reunificación. Tras la caída del muro de Berlín, en 1989, la integración de las dos alemanias provocó el aumento de la deuda pública y altas tasas de desempleo. Para contener el endeudamiento, en 2009 se introdujo en la Constitución la Schuldenbremse, la norma que limita el déficit fiscal federal a un máximo anual del 0,35% del PIB. El padre de esta medida fue el exministro de Finanzas Wolfgang Schäuble, hoy presidente del Bundestag. El legado de Merkel en la UE 1. Tras 15 años al frente del país, Merkel abandonará la Cancillería en 2021 y quiere retirarse siendo vista como la unificadora de la UE, sobre todo tras el Brexit. 2. Si su gestión de la crisis financiera (2008), la de la deuda soberana (2010) y la de los refugiados (2015) creó división entre los socios comunitarios, en 2020 quiere generar cohesión con su manejo de la crisis de la COVID-19. 3. Durante la crisis de la deuda las medidas de austeridad exigidas por Berlín a los países del sur de Europa alimentaron cierto sentimiento anti alemán y de euroescepticismo entre los ciudadanos de varios países de la UE. 4. Ahora, el hecho de que la crisis de la COVID-19 no sea producto de una mala gestión gubernamental hace que los alemanes muestran mayor disposición a suavizar las condiciones para que se otorguen ayudas a los países afectados. 5. Alemania y Francia han propuesto un fondo de recuperación europeo de medio billón de euros, del que se beneficiarían los países más golpeados por la pandemia. 6. El proyecto todavía tiene que pasar por un Consejo Europeo en julio y Merkel deberá convencer a los países más frugales (Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia) para que apoyen el proyecto. 7. Pero, ante todo, Merkel y su administración han comprendido que para mantener a flote la industria alemana necesitan unos socios comunitarios fuertes que demanden sus productos y no se decanten por políticas proteccionistas.