El estudio, liderado por Gabriela Echevarría y Fernando Sánchez, y publicado en la revista Sustainability, marca un punto de cambio en la forma de abordar la conservación en ecosistemas amazónicos. En colaboración con WWF Ecuador e INABIO, la investigación propone un modelo que integra datos científicos con el conocimiento ecológico local de comunidades indígenas. El trabajo se desarrolló en territorios cercanos a los ríos Napo y Aguarico, específicamente en comunidades como Limoncocha, Pañacocha, Soto Tsiaya, Zábalo y Zancudococha. Allí, los pueblos Kichwa, Siona y Cofán participaron activamente en el proceso, no como sujetos de estudio, sino como actores clave en la construcción del conocimiento, definiendo los puntos de monitoreo y compartiendo su conocimiento sobre ciclos reproductivos, además ayudaron a identificar especies prioritarias y hábitats críticos. También te puede interesar: El “shopping de basura” que convirtió el desperdicio en un negocio millonario. Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue la identificación del período de mayor actividad reproductiva de los peces, que ocurre entre febrero y marzo, durante la subida de las aguas. Este dato es clave, ya que permite establecer medidas concretas de protección. En total, la investigación generó lineamientos específicos para 27 especies de peces, adaptados a las condiciones de cada comunidad. Este enfoque diferenciado reconoce que no existe una única solución, sino múltiples estrategias que deben acoplarse a cada territorio. Además, el estudio mostró la capacidad de las comunidades para sostener procesos científicos a largo plazo. Los monitores comunitarios, capacitados durante el proyecto, alcanzaron altos niveles de precisión en la identificación de especies y el registro de datos, demostrando que la ciencia también puede construirse desde lo local. Fuente: Udla. Dirección de investigación y vinculación