Esta técnica milenaria ha ganado alta popularidad al ser una experiencia de plenitud y conexión. “Nosotros somos cuerpo, mente y alma. Nuestro ser está conectado con la divinidad, es decir, con la paz y calma, lo cual es nuestro estado natural; sin embargo, este se ve influenciado por diversas creencias, ideas, prejuicios y pensamientos que alteran ese estado de plenitud. Por esta razón, se habla sobre lo enriquecedor que puede ser la meditación, ya que gracias a ella, podemos recuperar esa paz y calma”, asegura Viviana De Ferrari, coach holística y ontológica. Cuando empezamos a meditar nuestra mente tiende a proyectar todo el material que tenía guardado en forma de pensamientos, sensaciones y emociones que empiezan a surgir porque han estado en caos. Sin embargo, cuando los empujamos y cerramos a ellos, tienden a regresar con más fuerza, generándonos frustración porque nos conectamos con emociones que muchas veces no nos gustan. Por ende, dejamos de intentar, porque creemos que no somos capaces de realizar esta práctica, y es ahí donde entran a tallar nuestras creencias limitantes, las cuales son creadas por nosotros mismos y determinan la manera en cómo observamos la vida. Y ahí radica su valor, observar nuestros pensamientos y fluir pero estando presente en el ahora. Identificarlos, sin juzgarnos ni juzgarlos, nos permiten volver a un estado de consciencia. Los expertos dicen que tenemos entre 50 y 80 mil pensamientos diarios, por lo que la meditación nos permite poder escucharnos, conectar con nosotros mismos, conocernos a profundidad y poder determinar qué pensamientos queremos seguir manteniendo y cuáles deseamos eliminar.