Este nos muestra que el futuro será desafiante, ya que se deberán encontrar soluciones para alimentar el mundo de manera eficiente, sin poner en riesgo nuestro medio ambiente y, más importante aún, el bienestar de los más vulnerables. Si bien la agricultura debe alimentar a ocho mil millones de habitantes, cerca de 850 millones sufren de hambre en la actualidad. Los últimos sucesos mundiales, como la pandemia y la guerra, han mostrado la fragilidad e interdependencia de la alimentación mundial. En este orden de ideas, han aparecido señales preocupantes: Durante varias décadas, las reservas mundiales de cereales podían cubrir seis meses las necesidades globales. Hoy no cubren más de tres meses. Los precios de productos agrícolas que registraban una baja, hoy sufren una imparable inflación. Esto genera tres problemas fundamentales. Primero, la tierra. Si hasta ahora hemos producido más con más recursos, tendremos que empezar a producir más con menos. Segundo, la agricultura. Durante años se ha logrado su crecimiento recurriendo masivamente a la irrigación. Sin embargo, con un panorama complejo frente a los altos costos de construcción de represas y el calentamiento atmosférico que reduce drásticamente la dimensión de los glaciares, solamente 40 millones de hectáreas adicionales podrán beneficiarse de la irrigación. Por último, la maquinaria agrícola y los fertilizantes. Estos dos factores, a más de ser perjudiciales para el medio ambiente, dependen del petróleo que está condenado a encarecerse y, debido a las nuevas políticas ambientales a escala mundial, su disponibilidad será cada vez más escasa. ¿Qué hacer? Debemos buscar soluciones centradas en la organización de la producción agrícola y la biología. La primera, tiene una influencia inmensa sobre los niveles de productividad. Una adecuada producción agrícola beneficiaría a países como Ecuador, a través de cooperativas de trabajo que se conecten con las necesidades del mercado. Por otro lado, está la biología que permitirá un aumento de la producción agrícola con respeto al medio ambiente. La química a “artificializado” el campo cuando la biología puede permitir “renaturizarlo”. Contrariamente a lo que se piensa, la alimentación no es un problema del pasado, es una de las principales incertidumbres del futuro. Por eso, desde 2019 en ANFAB impulsamos el concepto de Ecuador Agroalimentario como un espacio de articulación entre los actores de las cadenas agroalimentarias para potenciar su desarrollo, contemplando la visión desde el consumidor como el principal actor de la cadena, e impulsando la coordinación de los demás actores para satisfacer las necesidades de la ciudadanía a escala nacional e internacional.