México lleva años construyendo una posición privilegiada dentro de las cadenas globales de producción. Su cercanía con Estados Unidos, el T-MEC y una amplia red industrial han convertido al país en un destino relevante para compañías de sectores como el automotor, electrónico y aeroespacial. Ese proceso le permitió mantener en 2% su participación en la manufactura mundial entre 2005 y 2025, mientras otras economías registraron cambios importantes. China, por ejemplo, pasó de representar el 9% al 27% de la producción global durante ese periodo. Estados Unidos cayó del 22% al 17%, mientras Japón bajó del 13% al 5%. El peso de México también se refleja en su comercio exterior. Cerca del 92% de sus exportaciones corresponde a manufacturas, y el país se convirtió en uno de los principales proveedores industriales del mercado estadounidense. Te puede interesar: Ecuador recibe USD 11.353 millones en préstamos hasta julio de 2026: ¿Cómo se está utilizando el financiamiento? Ahora, sin embargo, el desafío es diferente. México necesita que una mayor parte del valor de esos productos se genere dentro de sus propias fronteras. Aunque exporta alrededor de USD 600.000 millones en manufacturas a Estados Unidos, buena parte de los insumos utilizados en esas fábricas todavía llega desde Asia. La inteligencia artificial abre una nueva oportunidad. México ya está exportando equipos destinados a centros de datos estadounidenses, pero la dependencia de componentes extranjeros evidencia el espacio que existe para desarrollar proveedores locales. Para especialistas, avanzar en esa dirección requiere más infraestructura eléctrica y logística, financiamiento, seguridad jurídica y reglas estables. La oportunidad está en pasar de ser una plataforma de ensamblaje a construir cadenas industriales más completas. Así, el siguiente capítulo de la manufactura mexicana no dependerá únicamente de cuánto exporta, sino de cuánto valor logra producir dentro del país. Fuente: Bloomberg Línea