El desempeño económico del país en 2025 fue favorable, aunque sujeto a ciertas sensibilidades. Técnicamente, nuestra economía logró crecer, pero lo hizo a una velocidad que no alcanza para generar un cambio estructural en la dinámica productiva. Las proyecciones del BCE ubicaron el crecimiento del PIB real para 2025 en 3,8%, cifra que resultaba alentadora dada la contracción de 2,0% ocurrida en 2024, sin embargo, el resultado oficial enero-septiembre 2025 fue de 3,3%, principalmente por el mal desempeño en la economía petrolera (-9,9%). Al considerarse los diferentes indicadores macro, se observa que el crecimiento económico no petrolero durante 2025 se mantuvo cercano al esperado por el BCE (+4,5%) (hasta junio, existía potencial para superar dicha expectativa), pero este crecimiento se mostró heterogéneo (aunque con una tendencia alcista, en mayor o menor medida, para las diferentes actividades económicas), y concentrado en ciertos sectores (principalmente en actividades agroexportadoras). En la práctica, vemos una economía todavía en proceso de recuperación, pero también con moderados indicios de expansión. La inflación, por su parte, se ha mantenido contenida, alrededor del 2% anual, lo que da cierta estabilidad de precios y facilita la planificación financiera de hogares y empresas. No obstante, una inflación baja, en ausencia de mayor inversión y productividad, no se traduce automáticamente en una mejora del bienestar ni en un impulso sostenido del consumo. También te puede interesar: Liquidez sin tracción: El dilema del crédito en la economía ecuatoriana En el mercado laboral ocurre algo similar. Las cifras de desempleo se mantienen relativamente bajas, en torno al 3,4% (promedio enero-diciembre 2025, con un nivel de 2,6% al cierre del año), pero ese dato es engañoso si no se lo mira en profundidad. Lo que predomina es empleo de baja calidad, informalidad y subempleo, lo que limita la capacidad real de la economía para dinamizar demanda interna y fortalecer el tejido productivo. En términos del empleo adecuado y en cuanto a la relación de este respecto a la Población Económicamente Activa, se observa que a diciembre-2025 37 de cada 100 ecuatorianos lograron ocupar una plaza de empleo adecuado, lo que representó 4 personas más que en diciembre-2024 (tasa de ocupación plena pasó de 33,0% a 37,1%), y sin embargo, este nivel se mantiene todavía por debajo al registrado prepandemia (38,3% promedio 2019). Desde una visión gremial, lo que vemos es un sector privado resiliente, pero contenido. Las empresas han logrado incrementar operaciones, empleo y flujos de caja en un entorno complejo, pero lo han hecho priorizando cautela. No hay una apuesta clara por expansión o inversión de largo plazo (en 2025, la FBKF creció en 6,9%, y aun así se mantuvo en 1,7% por debajo de lo observado en 2019), porque las condiciones —financiamiento, seguridad, reglas estables— todavía no están plenamente alineadas. En síntesis, 2025 fue un año de recuperación, pero también de crecimiento (unos más que otros). Hay indicadores que confirman que la economía no está en crisis, pero también otros que evidencian que mantenemos cierta distancia de una trayectoria de desarrollo más robusta.