El 2 de abril de 2025, Estados Unidos presentó un nuevo esquema de aranceles específicos por país, definidos por una fórmula basada en los déficits comerciales de bienes. Aunque desde entonces los aranceles han disminuido considerablemente, podrían seguir ajustándose en las próximas semanas y meses, a medida que avanzan las negociaciones y los desafíos legales. Sin embargo, las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China parecen haberse convertido en una constante, marcando el inicio de una nueva era. Una reciente investigación de McKinsey Global Institute – MGI explora cómo estas medidas están transformando el comercio global y qué estrategias pueden adoptar las organizaciones tanto públicas como privadas para adaptarse a este nuevo orden. Un cambio estructural en el comercio global El pasado 7 de agosto, Estados Unidos implementó nuevas tarifas para más de 90 economías, marcando un punto de inflexión en las relaciones comerciales internacionales. Entre los acuerdos más destacados se encuentran los alcanzados con socios clave como la Unión Europea y Japón. Sin embargo, no todos los países han salido bien parados: Brasil enfrenta aranceles más altos, e India podría seguir el mismo camino. Por otro lado, las tensiones entre Estados Unidos y China han tomado un respiro temporal, ya que ambos países acordaron extender las negociaciones comerciales hasta noviembre, suspendiendo cualquier aumento adicional de aranceles por ahora. A pesar de estos cambios, las economías que están más “distantes geopolíticamente” de Estados Unidos, como China, continúan enfrentando aranceles significativamente más altos. Según el informe del McKinsey Global Institute (MGI), China enfrenta actualmente aranceles promedio superiores al 40%, una cifra que podría superar el 50% si no se alcanza un acuerdo comercial. Este fenómeno ha dado lugar a una “curva de costos arancelarios”, donde los países se posicionan según el impacto de los aranceles en sus exportaciones. Si las condiciones actuales persisten, las importaciones estadounidenses podrían desplazarse hacia países con menores barreras arancelarias, marcando el inicio de una nueva era en el comercio global, donde las decisiones comerciales no solo se basan en costos y eficiencia, sino también en consideraciones estratégicas y políticas. En este contexto, Europa podría convertirse en el eje central de la reconfiguración comercial. Según las simulaciones del MGI, las importaciones europeas desde China y las exportaciones hacia Estados Unidos podrían aumentar entre $150 mil millones y $200 mil millones. Este papel dual de Europa, como puente entre dos de las mayores economías del mundo, podría redefinir su posición en el comercio global. El índice de reorganización: una herramienta clave Para entender qué tan fácil o difícil es para un país cambiar de proveedor, el MGI desarrolló el “índice de reorganización”. Este índice mide la capacidad de un país para reorganizar sus importaciones, calculando las importaciones de un país desde un socio específico como proporción del mercado global de exportaciones disponibles restantes. Un índice bajo indica que es relativamente fácil reorganizar el comercio, mientras que un índice alto sugiere mayores dificultades. Por ejemplo, en el caso de las barras de chocolate, Estados Unidos importa aproximadamente EUR 4 millones desde China cada año, mientras que el mercado global de exportaciones disponibles es de casi EUR 6 mil millones. Esto da como resultado un índice de reorganización cercano a cero, lo que significa que hay muchas otras fuentes disponibles. En contraste, las decoraciones navideñas tienen un índice de reorganización alto. Estados Unidos importa EUR 3 mil millones desde China, pero el mercado global de exportaciones disponibles para este producto es de solo EUR 600 millones. Esto hace que sea prácticamente imposible encontrar suficientes proveedores alternativos, lo que podría generar déficits significativos. Según el análisis del MGI, aproximadamente el 35% de todas las importaciones estadounidenses desde China tienen un índice de reorganización inferior a 0.1. Esto significa que, en teoría, para reemplazar estas importaciones chinas, los compradores estadounidenses necesitarían atraer hasta un 10% del mercado global de exportaciones actualmente disponible. Dentro de este grupo, se encuentran alrededor del 60% de los bienes intermedios, como semiconductores y piezas de automóviles, que tienen una base de suministro más diversificada. Sin embargo, reorganizar el comercio no es un proceso sencillo. Requiere tiempo, recursos y una planificación estratégica para garantizar que las nuevas cadenas de suministro cumplan con los estándares de calidad y las necesidades de los compradores. Además, algunos productos, como los medicamentos biológicos y las baterías de iones de litio, son difíciles de sustituir debido a las inversiones sustanciales y los conocimientos técnicos necesarios para producirlos. Por ejemplo, si Estados Unidos dejara de importar laptops desde China, enfrentaría un déficit de suministro de casi EUR 26 mil millones. Al mismo tiempo, el mercado global podría experimentar un exceso de oferta equivalente, reduciendo los precios en otras regiones pero desafiando a los fabricantes. El papel de Estados Unidos en la reorganización Un factor clave que influye en las dinámicas de reorganización comercial es el grado en que Estados Unidos podría utilizar sus propias exportaciones actuales para compensar las importaciones provenientes de China. En 2023, Estados Unidos importó aproximadamente EUR 440 mil millones en bienes desde China y exportó EUR 1.7 billones al resto del mundo. Un análisis a nivel de producto sugiere que Estados Unidos podría recurrir a alrededor de $180 mil millones de esas exportaciones existentes antes de buscar alternativas más costosas en el extranjero. También te puede interesar: La banca cerró el 2024 con solvencia y morosidad controlada Por ejemplo, en 2023, Estados Unidos importó alrededor de EUR 2 mil millones en cables eléctricos desde China, pero también exportó más de EUR 2 mil millones en cables. En teoría, podría simplemente retener esos EUR 2 mil millones en cables para el mercado interno. Sin embargo, en la práctica, sustituir completamente un cable fabricado en China por uno hecho en Estados Unidos requeriría una reconfiguración significativa de la manufactura existente. La reorganización comercial también tendrá repercusiones en otras economías. Es decir, si Estados Unidos recurre a sus propias exportaciones para cubrir sus necesidades internas, Canadá y México podrían aumentar notablemente sus importaciones desde China, ya que este país comenzaría a suministrar bienes que actualmente compran a Estados Unidos. América Latina podría seguir un patrón similar. En las simulaciones que minimizan la reorganización comercial de Estados Unidos, alrededor de 40 países experimentan aumentos en sus exportaciones hacia Estados Unidos de más del 10%. Aproximadamente la mitad de estos países están en Europa, y el resto en el mundo en desarrollo. En las simulaciones que minimizan los aranceles, el impacto es más amplio, con cerca de 70 países registrando aumentos superiores al 10% en sus exportaciones hacia Estados Unidos. La reorganización comercial entre Estados Unidos y China no solo redefine las cadenas de suministro globales, sino que también plantea preguntas sobre la resiliencia económica y la capacidad de adaptación de los mercados. En un mundo donde las tensiones geopolíticas están remodelando el comercio, las empresas y los gobiernos deben ser ágiles y estratégicos. Principalmente las organizaciones deben fomentar la capacidad de adaptarse rápidamente a este nuevo orden comercial para mantenerse competitivos en un panorama en constante cambio. Por: Carlos Buitrago, socio y managing partner de McKinsey & Company