En el evento Violeta Success Summit, organizado por Ekos, que se realizó el 30 de octubre en la ciudad de Guayaquil, se llevó a cabo la charla El Milagro es la Vida, de Daniella Álvarez, ex reina de belleza y presentadora de televisión, quien nació en Barranquilla, Colombia. También puedes leer: Proyecto ANA: Trazar el camino para cambiar vidas En una emotiva intervención, la también modelo inspiró hasta las lágrimas a los asistentes de Ekos Violeta Summit. Ella se ha convertido en una voz de inspiración internacional debido a su historia ya que en el 2020, un giro inesperado de su salud le puso frente a uno de los retos más grandes de su vida: la amputación de su pierna izquierda. Ante esto, eligió encontrar un milagro en cada respiro y en cada paso de su nueva realidad. Esto la llevó a crear la Fundación que lleva su nombre y que nació con el objetivo de ayudar a personas con discapacidades físicas ofreciendo prótesis y terapias a quienes han perdido alguna extremidad. Daniella inició su intervención con un video contando su vida, y sus pasiones. También habló de cómo gestiona sus emociones cuando la vida se pone difícil. “La vida tiene momentos difíciles, que nos llevan a la frustración, si nos quedamos en este sentimiento no vamos a avanzar. Nadie nos dijo que iba a ser tan difícil. Hay situaciones que nos roban el aliento y nos superan, pero son lecciones que se pueden transformar en oportunidades”, mencionó Explicó que para entender la resiliencia tuvo que pasar por un momento difícil. Recordó cómo su padre cariñosamente la llamaba garcipola (una especie de ave que se caracteriza por tener sus piernas largas). Gracias a sus piernas largas, se destacó en los deportes en la época del colegio. “Esas piernas me llevaron a Primeros lugares en deportes y también al mundo del modelaje, gracias a que mido 1,73. También alcancé uno de mis sueños, ser Miss Colombia en 2011 y representar a mi país en Miss Universo. Más tarde me convertí en presentadora de tv en un programa que combinaba todo lo que amaba: la aventura, la adrenalina, los vestidos de baño”, recordó. Se sentía como conquistadora de sueños, confesó que en un momento pensó haber descubierto la clave del éxito. Pero con la llegada de la pandemia, su vida dio un giro inesperado cuando en plena cuarentena sintió una masa en su costilla izquierda, pensó que era inflamación del colon. Pasaron los días y esa masa no se desinflamaba y al consultar con el médico, descubrió que tenía un tumor, de bajo grado. Aceptó someterse a una cirugía, sin aparente riesgo, a la que entró con buena actitud. Pero cuando se despertó todo estaba mal y sentía dolor intenso. El doctor se dio cuenta que al entrar al tumor, este se había derretido en la aorta, lo que provocó que no hubiera sangre desde su ombligo hasta los dedos de los pies. Ella debió morir, pero sobrevivió aunque con mucho dolor. Después de exámenes tomó la desición de hacer fasciotomía (intervención en la pierna, en la cual se corta la fascia para aliviar la tensión o la presión con el fin de tratar la pérdida de circulación resultante en una zona de tejido o músculo). Esperaron tres semanas para ver el avance de esta intervención hasta que un día el médico le dijo que a pesar de los esfuerzos médicos la infección estaba avanzada. Tras otras intervenciones, Daniella se enteró que la única solución era que le amputaran la pierna. “Me di cuenta que el milagro por el que tanto había orado tanto no era mi pierna, era mi vida. Fue mi fe la que me ayudó a salir adelante, es un principio de acción y poder, es la certeza de lo que no podemos ver pero que sabemos que va a cambiar alguna situación”, menciona. “Recuerdo que cuando el médico me explicó mis opciones, supe que lo más lógico era amputar, pero mi corazón se resistía. Lloré durante horas y pasé por una profunda negación”, recordó Daniella. Sin embargo, en medio de su duelo, se aferró a una promesa que se había hecho de niña: “Quería ser como una varilla clavada en la tierra, que ni los huracanes ni los tsunamis pudieran derribar”. Esto le permitió encontrar la fortaleza para aceptar su nueva realidad y someterse a la amputación con la esperanza de poder vivir sin dolor. La Fe Como Pilar Daniella enfatizó que la fe fue el motor que la ayudó a salir adelante. “La fe es tan pequeña en palabras, pero tan grande en poder. Tiene la F de fuerza y la E de espiritual, porque nos permite creer, aun en aquello que no podemos ver”, explicó con emoción. Para ella, la fe fue un principio de acción y poder. En sus días más oscuros, cuando el dolor era insoportable, encontraba consuelo y fortaleza en su espiritualidad y en su relación con Dios. "Durante los momentos más difíciles en la clínica, solo veía un lugar al cual podía correr: Dios. Y es esa fe la que me sostuvo, la que me recordó que el milagro no era salvar mi pierna, sino salvar mi vida”, confesó. A través de la fe, Daniella no solo logró aceptar la pérdida de su pierna, sino también encontrar un nuevo propósito. La Importancia del Amor Propio Además de la fe, Daniela reconoció que el amor propio fue esencial para enfrentar su nueva realidad. En su proceso de aceptación, aprendió a mirarse al espejo y a decirse a sí misma: “Wow, qué bonita te ves”. Esta autoafirmación, lejos de ser un acto superficial, representó un cambio profundo en la manera en que se percibía. Daniella comprendió que el amor propio es reforzarse en positivo, una voz interna que le recordaba todo lo que sí tenía, en lugar de enfocarse en lo que le faltaba. Recordó una anécdota de su época como Miss Colombia, cuando se encontraba en una pasarela junto a 30 mujeres igualmente hermosas. En ese momento, decidió aplicar una estrategia: en su mente, repetía pensamientos positivos sobre su cuerpo, su sonrisa y su presencia. Esa misma estrategia la utilizó después de la amputación, en una salida nocturna donde, a pesar de su nueva prótesis y una musculatura debilitada, decidió decirse a sí misma: “Aquí voy, robótica pero divina”. Esta autoaceptación le permitió recobrar su seguridad y disfrutar de la vida nuevamente, incluso en su nueva condición. La Fuerza de la Familia En medio de su recuperación, la familia de Daniella fue un pilar fundamental. Su madre, en especial, se convirtió en su compañera de batalla. Desde pequeña, su madre le enseñó a enfrentar la vida con gracia y dominio propio, y en esos momentos de adversidad, le mostró lo que significa el amor incondicional. También expresó su profundo agradecimiento a ella, quien compartió su dolor y le brindó el apoyo necesario para seguir adelante. Además, su familia fue clave en su rehabilitación. Aunque los médicos le advirtieron que su pie derecho, dañado por la falta de circulación, no volvería a funcionar, Daniella decidió perseverar. Con la ayuda de una fisioterapeuta, trabajó disciplinadamente hasta que, contra todo pronóstico, logró recuperar la movilidad de su pie. Hoy, después de años de esfuerzo y fe, puede caminar, saltar y bailar nuevamente. Inspiración y Propósito Renacido Para Daniella, la pérdida de su pierna y las dificultades que enfrentó se convirtieron en un camino hacia un propósito más grande. Desde los 11 años, soñaba con convertirse en una oradora que inspirara a otros, y ahora, su testimonio le permite hacerlo. “Dios permitió que yo pasara por esta prueba para poder estar aquí hoy, compartiendo con ustedes sobre la resiliencia, el liderazgo y el amor propio”, afirmó. También puedes leer: Yanbal, una comunidad de mujeres poderosas Su historia es un recordatorio de que, aunque la vida nos presenta retos inesperados y difíciles, siempre es posible encontrar en ellos una oportunidad de crecimiento. Con fe, amor propio y el apoyo de sus seres queridos, Daniella Álvarez ha demostrado que podemos sobreponernos a las adversidades y que cada prueba es una lección valiosa. Su testimonio nos inspira a todos a no dejarnos vencer, a seguir adelante y a ver cada desafío como una oportunidad para desarrollar nuestra fortaleza interior.