Recomendaciones que los principales directivos de las empresas ante la pandemia; las medidas deben estar más pendientes que antes, ahora que la reinserción se realiza paulatinamente. La alta dirección de las empresas y particularmente los consejeros delegados o CEO han de liderar la respuesta a la crisis debido a su alta capacidad de influencia, no solo sobre la organización, sino también sobre la comunidad empresarial en su conjunto, sobre los gobiernos y sobre la sociedad. Naciones Unidas llama a los líderes empresariales del mundo a repensar su forma de hacer negocios y señala su liderazgo como palanca para acelerar cambios positivos. Palanca que, en este contexto, debe ser utilizada para fijar objetivos empresariales, pero también para limitar los impactos negativos, generar otros positivos y activar cambios entre las personas de la empresa y de la cadena de valor. Ahora, más que nunca, se necesitan líderes que, no solo se adapten al mundo, sino que puedan contribuir a mejorarlo. Para el Pacto Mundial de Naciones Unidas esa aportación debe estar basada en los Diez Principios del Pacto Mundial, porque garantizan la atención de los más vulnerables sin desatender los objetivos del negocio, y en la Agenda 2030, que anima a no solo adaptarse al mundo, sino a transformarlo. Los líderes empresariales pueden ser actores clave para acelerar la respuesta a la pandemia siempre bajo criterios de sostenibilidad. Se proponen siete ámbitos de acción alineados con los Diez Principios del Pacto Mundial que pueden accionar los CEOs de cualquier organización: Convencer a la comunidad empresarial de la importancia de contribuir a la crisis de la COVID-19. La pandemia está afectando a la salud de millones de personas en todo el mundo y además puede repercutir de forma importante en la economía mundial y por tanto en las cuentas de resultados de las empresas. La responsabilidad de las organizaciones en este caso ha de ser doble: preservar el derecho a la salud de la población y amortiguar daños económicos. Los líderes empresariales pueden divulgar estos mensajes entre otras empresas, inversores o accionistas. Adoptar las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. De forma inmediata las empresas pueden reducir el riesgo de transmisión de la enfermedad y con ello su impacto en la sociedad. Los líderes empresariales han de seguir las recomendaciones de la OMS y para ello han de dotar de importancia en sus planes de continuidad a: 1. Respetar las medidas de salud y seguridad adecuadas en cada sector de actividad. 2. Sensibilizar sobre la enfermedad, sus síntomas y el comportamiento apropiado a las y los empleados. 3. Establecer un sistema de notificación de cualquier caso que se detecte; limitar los viajes y el contacto físico. 4. Planificar medidas como el teletrabajo cuando sea posible. Acelerar la acción sectorial y multiactor frente a la crisis. Todos los sectores pueden contribuir a mitigar la pandemia y sus efectos de diferentes formas. Por ejemplo, el sector farmacéutico proporcionando medicamentos o el sector textil reorientando su actividad a la producción de material médico, como mascarillas. Los CEOs pueden proponer y apoyar a sus homólogos en empresas de su mismo sector para trazar rutas de acción sectoriales que ofrezcan soluciones innovadoras para afrontar la crisis. Asimismo, es importante colaborar con empresas de otros sectores, universidades y organizaciones de la sociedad civil en acciones de carácter multiactor que puedan marcar la diferencia. Colaborar con los responsables políticos para ofrecer ayuda y recursos. La pandemia está afectando a prácticamente la totalidad de países del mundo, por lo que es importante que los líderes empresariales impulsen la colaboración con los gobiernos estatales y regionales a través de recursos materiales, financieros o logísticos. Contemplar los riesgos en todos los grupos de interés. Los líderes empresariales comprometidos han de tener en cuenta cómo la crisis afecta a todos sus grupos de interés y particularmente a empleados/as, proveedores, clientes, consumidores/as e inversores y evitar impactos negativos sobre cada uno de estos grupos, particularmente desde el punto de vista de los derechos humanos y las normas laborales. Por ejemplo, respecto a las y los empleados, se han de evitar impactos sobre sus condiciones laborales; o respecto a los proveedores y consumidores/as, reforzar las medidas de salud y seguridad en toda la cadena de valor. Diseñar la estrategia empresarial posterior a la crisis. Una acción rápida y eficaz reducirá los riesgos a corto plazo para los empleados/as y a largo plazo para las empresas y la economía. Los líderes empresariales han de anticiparse al escenario de incertidumbre económica posterior a la crisis sanitaria, ya que muchas empresas tendrán que cerrar temporalmente o reorientar su actividad económica durante este periodo. Por ello, es importante informarse sobre las ayudas o recursos que las administraciones públicas ponen a disposición de las entidades, particularmente de las pymes, para atenuar el impacto económico durante este periodo, mientras se empieza a diseñar la estrategia corporativa que seguirá la empresa una vez superada la crisis. Esta estrategia ha de considerar no solo la variable financiera a corto plazo, sino también la de viabilidad a largo plazo y la de sostenibilidad. Impulsar un sistema financiero orientado a la inversión sostenible a largo plazo. Un sistema financiero sostenible a nivel global puede tener la capacidad de evitar futuras crisis (por ejemplo, relacionadas con el cambio climático o los conflictos políticos) y atenuar los efectos de futuras pandemias. Un sistema financiero que se preocupe por el crecimiento económico, pero también por la protección de la salud, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero o la lucha contra la desigualdad puede asegurar la viabilidad a largo plazo de las inversiones y proteger a la economía de episodios de alta inestabilidad financiera.