Aunque la IA llevaba décadas desarrollándose, el lanzamiento de ChatGPT en 2022 aceleró su adopción y la llevó al centro de la vida digital. En 2025, su impacto trascendió las pantallas para influir directamente en la política, el comercio global y los mercados financieros, mientras se intensificaba el debate sobre su uso en el trabajo, la educación y las relaciones humanas. Uno de los principales focos de tensión fue la regulación. El presidente Donald Trump impulsó una agenda pro-IA orientada a reducir controles y acelerar su implementación en el gobierno, lo que generó críticas por la falta de salvaguardas. Al mismo tiempo, surgieron demandas que vinculan a chatbots de IA con crisis de salud mental, especialmente entre adolescentes, lo que obligó a empresas como OpenAI, Meta y Character.AI a reforzar controles parentales y medidas de seguridad. También puedes leer: OpenAI busca un especialista para anticipar y mitigar los riesgos de la Inteligencia Artificial En el plano económico, compañías como Meta, Microsoft y Amazon destinaron decenas de miles de millones de dólares a infraestructura de IA. Según McKinsey, la inversión global en centros de datos podría alcanzar los USD 7 billones para 2030. Sin embargo, el ritmo del gasto ha alimentado temores de una burbuja tecnológica, mientras inversionistas exigen pruebas claras de rentabilidad. El impacto en el empleo también fue evidente: miles de trabajadores fueron despedidos a medida que las empresas reorganizaron sus operaciones en torno a la IA. Para expertos, el debate de 2026 ya no será si la inteligencia artificial es relevante, sino qué tan rápido se distribuirán sus beneficios y quiénes quedarán rezagados. Una cosa es segura: la transformación apenas comienza. Fuente: CNN