Según un reciente estudio del McKinsey Global Institute (MGI), el capital global se está orientando hacia un conjunto de industrias que combinan tecnología avanzada, economías de escala y efectos de red significativos: semiconductores, baterías y vehículos eléctricos, y centros de datos para inteligencia artificial (IA). Estas áreas han captado cerca del 75% de los anuncios globales de la inversión desde 2022, con un creciente protagonismo de los llamados “megaproyectos” —inversiones superiores a los US$1.000 millones—, que concentran casi la mitad del valor anunciado. Este fenómeno refleja una tendencia clara: la competencia por atraer capital se define hoy por la capacidad de ofrecer escala, certidumbre y velocidad de acción. A este cambio sectorial se suma un reajuste geopolítico. Las empresas están priorizando ubicaciones que ofrezcan afinidades regulatorias, económicas y de seguridad jurídica. Desde 2017, la “distancia geopolítica” (tendencia a invertir en países con instituciones y valores similares) se ha reducido al doble de la velocidad observada en el comercio. Para América Latina, esta dinámica representa una oportunidad concreta ya que, la región cuenta con recursos, ubicación estratégica y talento para integrarse en esta nueva cartografía de la producción global. Sin embargo, el tiempo apremia, las decisiones de localización se están tomando rápidamente, y quienes logren construir primero las condiciones habilitantes tendrán una ventaja competitiva decisiva. Históricamente, entre el 60% y el 80% de los anuncios de inversión se materializan. En la actual ola de megaproyectos, la tasa de ejecución es aún más alta: entre el 50% y el 66% de los proyectos anunciados desde 2022 ya están en construcción o en operación. El mensaje para los gobiernos y las empresas de la región es claro: existe capital listo para movilizarse hacia donde encuentre energía competitiva, permisos predecibles, talento técnico y acceso a infraestructura. Sectores clave: dónde se concentra la inversión y qué se necesita para competir Centros de datos para IA Desde 2022, los anuncios anuales de inversión en centros de datos han promediado USD 170.000 millones, con una aceleración que podría cerrar el año por encima de los USD 370.000 millones. Para competir por estos proyectos, los países deben garantizar: Permisos ágiles y predecibles. Contratos de compra de energía (PPAs) bancables y de largo plazo. Redes de transmisión robustas. Disponibilidad de terrenos con acceso a agua, sistemas de enfriamiento y conectividad de fibra óptica. Conectividad internacional con puntos de aterrizaje (landing points) y redes troncales (backbone) resilientes. Semiconductores Los anuncios de inversión en este sector han promediado US$115.000 millones anuales desde 2022, con aproximadamente la mitad destinada a nodos de vanguardia (≤7 nm). Para atraer estas inversiones, los países deben ofrecer: Reducción de la incertidumbre en permisos. Energía confiable y competitiva. Talento técnico especializado (ingenieros, técnicos en mecatrónica, especialistas en yield). Ecosistemas de proveedores que incluyan desde gases especiales hasta materiales de grado electrónico. Baterías y vehículos eléctricos China domina actualmente más del 80% de la capacidad global de baterías. Sin embargo, fuera de China, los anuncios de inversión han alcanzado los USD 110.000 millones anuales desde 2022. Para atraer estas inversiones, los países deben garantizar: Integración con proveedores de materiales activos y precursores. Contratos de suministro de minerales críticos con trazabilidad. Energía limpia y competitiva. Políticas de contenido local y reglas de origen compatibles con los incentivos de los mercados destino. También te puede interesar: La construcción: motor de la reactivación económica del Ecuador Tres fuerzas que están reconfigurando la IED 1) Escala y concentración del capital El capital global se está polarizando hacia inversiones de gran magnitud en manufactura avanzada, infraestructura digital y recursos naturales. Por ejemplo, una planta de semiconductores puede requerir más de US$10.000 millones, decenas de subcontratistas especializados y años de preparación en logística, permisos y acondicionamiento del sitio. En el ámbito digital, un campus de centros de datos de cientos de megavatios puede superar los US$1.000 millones, y los proyectos más ambiciosos alcanzan escalas del orden del gigavatio (GW). Estas inversiones no solo instalan activos físicos, sino que también crean “anclas” que atraen proveedores, talento y servicios durante décadas. 2) Geopolítica como nuevo mapa de afinidades Las cadenas de suministro globales son rediseñadas para priorizar socios más confiables y alineados. Esto ha impulsado los flujos de inversión entre economías con afinidades regulatorias y ha reducido la exposición a destinos con mayores riesgos geopolíticos. Paralelamente, empresas chinas están expandiendo su presencia internacional, especialmente en baterías, materiales activos y minerales críticos. Para América Latina, esta dinámica ofrece dos implicaciones: más opciones de coinversión y la necesidad de cumplir con estándares ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) más exigentes para acceder a mercados de alto valor. 3) Aceleración de capacidad en industrias estratégicas Si se mantiene el ritmo actual de ejecución, la base productiva global experimentará una expansión significativa. Por ejemplo, la capacidad de producción de baterías fuera de China podría cuadruplicarse, mientras que la capacidad global casi se duplicaría en comparación con 2022. En la industria de semiconductores avanzados en Estados Unidos, Europa y Japón podrían aumentar su participación combinada del 10% actual a más del 30% para principios de la próxima década. Este reordenamiento no solo redistribuye activos físicos, sino también empleos altamente calificados, demanda de formación técnica y la configuración de nuevos corredores logísticos. América Latina: de la oportunidad a la ejecución América Latina se encuentra en una posición estratégica para capitalizar la reconfiguración de los flujos de inversión extranjera directa (IED), pero el reto clave radica en traducir el potencial en resultados tangibles. La región debe establecer incentivos condicionados a hitos específicos, como el desarrollo de I+D, la integración de proveedores locales y la descarbonización. Además, la implementación de ventanillas únicas digitales puede reducir significativamente los tiempos y la variabilidad regulatoria, mejorando la competitividad. De esta manera, quienes logren ejecutar con mayor rapidez y precisión podrán transformar esta ventana de oportunidad en capacidad instalada, exportaciones diversificadas y empleos de calidad. América Latina tiene el potencial de ser un actor clave en la nueva configuración global, pero el éxito dependerá de su capacidad para pasar de la oportunidad a la ejecución. A continuación se muestran ejemplos por industria en la región. En el sector energético, los nuevos jugadores de valor están direccionando sus esfuerzos al upstream y al gas natural licuado (LNG). Brasil y Guyana lideran el desarrollo offshore, con proyectos que ya representan una proporción significativa del valor anunciado desde 2022 y que, en su mayoría, están en fase de ejecución. En gas, Argentina (Vaca Muerta) y México (Pacífico) están abriendo rutas que diversifican el suministro hacia Europa y Asia, reduciendo la exposición a cuellos de botella estratégicos como Suez u Ormuz. Por otro lado en recursos naturales, el triángulo del litio y el cobre andino ofrece una oportunidad única para avanzar de la extracción a la transformación, incluyendo refinación, producción de químicos de cátodos y materiales intermedios. Sin embargo, capturar este valor requiere un entorno habilitador: permisos ágiles, estándares ambientales y sociales robustos, y trazabilidad que cumpla con las exigencias de los mercados internacionales. En cuanto a manufactura, México se posiciona como un receptor natural para la producción de vehículos eléctricos (EVs) y baterías, gracias a su proximidad a Estados Unidos. No obstante, el cierre financiero de estos proyectos depende de factores críticos como el acceso a energía competitiva y limpia, certidumbre regulatoria y reglas de origen que permitan aprovechar incentivos en el mercado de destino. En el ámbito digital, América Latina tiene el potencial de competir por inversiones en centros de datos, siempre que pueda ofrecer una combinación de electricidad confiable y renovable, conectividad internacional, disponibilidad de suelo y procesos de permisos eficientes. Los beneficios colaterales incluyen el desarrollo de servicios digitales, la expansión de la nube y la formación de talento especializado. En síntesis, el reacomodo de la IED descrito por MGI no es una tendencia pasajera sino el plano de obra de la próxima década. Para América Latina, el reto es pasar de la oportunidad a la ejecución. Si la región convierte anuncios en activos —fabs y gigafactorías que traccionen proveedores, centros de datos anclados en PPAs bancables, y cadenas de minerales críticos con más valor local— podrá capturar empleo calificado, exportaciones y productividad sostenida. Por: Carlos Buitrago, Socio y Managing partner de McKinsey & Company