La innovación sostenible en la región ya no es una promesa, es una realidad en marcha. Así lo afirmó Michelle Gomberoff, CEO y cofundadora de Cirkula, un startup de impacto que reduce el desperdicio de alimentos a través de la conexión entre negocios y consumidores. Lidera su expansión en Latinoamérica, impulsando la economía circular. Durante su conferencia “El futuro ya empezó: startups que están reinventando la economía sostenible”, presentada en la Kumbre de Sostenibilidad 2026 organizada por Ekos. Desde su experiencia personal, Gomberoff relató cómo descubrió, siendo estudiante en Australia, una aplicación que ofrecía descuentos en alimentos y le permitió cuestionarse: “¿Cómo no hay esto en Latinoamérica?”. Ese cuestionamiento derivó en la creación de una solución que conecta negocios con consumidores para reducir el desperdicio de alimentos, problema que -según señaló- afecta a un tercio de la comida producida globalmente y genera cerca del 10% de las emisiones de CO₂. La experta advirtió que la sostenibilidad enfrenta barreras estructurales: falta de regulación, de cumplimiento, de conciencia y de procesos claros. “La sostenibilidad no tiene un lobby. El agua no tiene un gerente de venta y el CO₂ no aparece en tu estado de resultados”, afirmó, subrayando la desconexión entre los impactos ambientales y la toma de decisiones empresariales. Sin embargo, destacó que en la región ya existen soluciones concretas impulsadas por startups. Mencionó casos como Kilimo en Argentina, que mediante inteligencia artificial ha permitido ahorrar más de 72 mil millones de litros de agua; Sinba en Perú, que transforma residuos en nuevos productos; y Reus en Chile, que trabaja con residuos electrónicos evitando emisiones y generando valor económico. También citó iniciativas como Satellites on Fire, que reduce el tiempo de detección de incendios, y Microterra en México, que desarrolla alternativas al azúcar a partir de plantas que limpian aguas residuales. En el ámbito urbano, resaltó a Mobi en Bolivia, que desarrolló motocicletas eléctricas con baterías intercambiables, logrando reducir hasta en un 40% los costos para repartidores. Estas soluciones, enfatizó, no dependen de tecnologías futuras, sino de modelos de negocio que identifican valor donde el sistema no lo veía. Finalmente, Gomberoff presentó el caso de Cirkula, plataforma que permite a comercios vender excedentes de alimentos en lugar de desecharlos. La startup ya opera en la región, ha generado más de un millón de dólares en ahorro para usuarios y ha rescatado cientos de miles de productos, contribuyendo a la reducción de residuos y emisiones. Como conclusión, sostuvo que el principal desafío no es la innovación, sino la conexión: “La verdadera brecha es que las startups sostenibles necesitan que las conozcan, que las contraten y que las integren en su operación”. En ese sentido, hizo un llamado a empresas, gobiernos y ciudadanos a involucrarse activamente. “El futuro sostenible no está en el horizonte, ya empezó. La pregunta es qué tan rápido vamos a actuar”, concluyó.