En el marco de EDU.COM, se realizó la charla “El futuro de la educación en América Latina” con la expositora Cláudia Costin, Exdirectora Superior de Educación del Banco Mundial, quien dio un contexto educativo de la región y habló de las tendencias de la Revolución 4.0. Su intervención comenzó con una introducción al Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4, Educación de Calidad, contemplado en la Agenda 2030 de la ONU. Este ODS busca que los 194 países que se adhirieron a la Agenda en 2015 garanticen una educación equitativa, inclusiva y para todos para el 2030. “En los objetivos del milenio (previos a la Agenda 2030), en educación hablábamos del acceso a la escuela primaria, ahora con la Agenda 2030 tenemos otro acceso más inclusivo, no se trata de una educación solo de primera línea sino de un ciclo completo”, comentó. En cuanto a la calidad educativa, Costin afirma que es importante que las escuelas entiendan que no solo es necesaria la motivación, la educación tiene que ser de calidad, con altos estándares. También trató el tema de la educación en la época del Covid-19, donde destacó la importancia de no dejar a ningún niño y joven atrás. “En toda América Latina hay niños que se ausentaron de sus procesos educativos por falta de conectividad. Eso gana un nuevo énfasis en temas de inclusión”. Por otro lado, habló de la importancia de generar indicadores para evaluar la calidad educativa. “En educación, el autoengaño es muy frecuente. Uno puede perderse al pensar si las cosas marchan bien o no”, afirmó. Otra de las metas contempladas en el ODS 4 es que, hasta 2030, se debe aumentar de forma sustancial los jóvenes con competencias necesarias para acceder a empleo. Costin habló de la situación de América Latina antes del Covid-19 y lo que se estaba haciendo para llegar a estas metas. “Había una crisis de aprendizaje. Demoramos mucho en universalizar el acceso a la educación básica. El problema empieza temprano. Muchos alumnos están en niveles insuficientes de lectura y matemática. Tampoco logramos alfabetizar en base a la ciencia. Muchas veces miramos a la alfabetización inicial como si fuera una religión”. Una muestra de esta deficiencia se puede ver en los resultados de la región en las pruebas PISA, en las cuales América Latina tiene resultados bajos en tres áreas evaluadas: lectura de comprensión, matemáticas y ciencias. Brasil, Perú y República Dominicana son los países en condiciones muy retadoras. Chile, Uruguay y Costa Rica están en mejores situaciones, pero aún se ubican en un tercio inferior en el resultado global de estas pruebas. Otros problemas en América Latina son: la gran desigualdad educativa que a su vez construye desigualdad social; un bajo desarrollo en competencia digital, a excepción de Uruguay; y que la formación de profesores en la universidad está muy divorciada de la preparación para la profesión. Antes del Covid-19, empezó un proceso que se llama “El Futuro del Trabajo o la Revolución 4.0”. Con el aumento de la Inteligencia Artificial (IA), crecieron las competencias a nivel intelectual y los robots empezaron a sustituir a la gente. Con esto, la región tiene que hacer frente a la robotización acelerada y a sus consecuencias. A causa de esto, expertos creen que 2 mil millones de puestos de trabajo van a estar extintos hasta el 2030. Por esta razón, el futuro del trabajo va a demandar otras competencias. Por otro lado, se estima que la población joven en edad de trabajar será menos que la población de niños y ancianos. “Ante estas realidades, se corre el riesgo de vivir desigualdad social y riesgos de populismo”, afirma. Frente a estos desafíos, los países pueden inspirar con modelos educativos que priorizan la valorización de la profesión de docente. Costin considera que en Latinoamérica el oficio de los maestros es poco reconocido, con bajos sueldos y con una tendencia a la victimización. “Cuando la prensa habla de los maestros hablan de piedad. No vamos a mejorar la educación mientras no cambiemos la profesión”. Otras tendencias de los países con altos niveles educativos son: resolución colaborativa y de resolución de problemas con creatividad; enseñanza híbrida y educación fuera de los muros de la escuela; combate a la desigualdad educativa, excelencia y equidad; alfabetización mediática y cultura digital; competencias para el Siglo XXI, como adaptabilidad, empatía, apertura a lo nuevo; y autonomía y protagonismo del alumno. Para finalizar, habló de las lecciones de la pandemia. “Es importante entender que en la historia de la humanidad las crisis han traído momentos difíciles, pero también son momentos de ruptura de paradigmas. En este periodo la enseñanza híbrida fue muy importante, hubo una aceleración digital en los profesores. Las habilidades digitales fueron trabajadas de una u otra forma. A causa del Covid-19, la conectividad de las escuelas y regiones ahora son parte de la agenda de nuestra región. Algunas habilidades socio emocionales fueron desarrolladas por los alumnos, incluso la independencia. Yo sueño con una escuela en la que los profesores y alumnos trabajen colaborativamente, donde el alumno aprenda a reinventarse, sin saberes fragmentados. Donde la educación ayude a pensar crítica y científicamente y reserve tiempo y espacio para la autonomía”.