Las cartas del juego han cambiado. Si la pandemia trajo consigo una mirada inédita hacia nuestros hogares con la búsqueda de espacios versátiles en los que trabajar, descansar y vivir el ocio a partes iguales, el final de la misma ha roto las reglas establecidas, y ahora toca soñar y vivir a lo grande. La guerra a los colores sedantes, el mobiliario impersonal y la madera omnipresente son algunas pistas que aportan nuestros expertos en la materia para dar con un interiorismo de revista. Si entre sus buenos propósitos del año se encuentra renovar la vivienda y ponerla a punto, descubra por qué apostar (y qué debe desechar) en cuestión de interiores los próximos meses. Adiós a los tonos neutros, hola a burdeos y naranjas Aunque Pantone (empresa estadounidense de pintura y color), augura un año suave y calmado con su tonalidad 2024, el Peach Fuzz (un melocotón pastel). Los expertos en la materia tienen claro que los próximos meses abrazaremos una paleta con mucha más personalidad. Este estilo a menudo llevaba al exceso de minimalismo, dejando espacios sin carácter. Son colores que aportan neutralidad y relajación. Conforman un lienzo perfecto para esculpir escenarios pero que en solitario, se están dejando de lado. Para romper con esa monotonía el interiorista recomienda incorporar colores vibrantes o elementos decorativos que aporten vitalidad al entorno, ya sea una pieza prominente de mobiliario, como una mesa o un sofá en tono cálido, o aplicar color en el alicatado de la cocina.También te puede interesar: 5 tendencias de diseño de interiores que se quedarán en el 2023 La serenidad de los colores terracota, rosa y maquillaje no se van todavía de los interiores, pero hay una evolución hacia los burdeos en su manera más sobria. A esta lista cromática se añaden los naranjas y rojos en su versión más brillante y enérgica, que si los combinamos con materiales texturizados, rugosos y naturales el resultado será redondo. Y si queremos abrazar una propuesta más arriesgada, se propone añadir pinceladas de azul eléctrico al combo de cálidos, como puede ser un mueble de la cocina o unos separadores de ambiente. Es una combinación muy sugerente y nada descabellada que deberíamos explorar en este 2024. Distribuciones abiertas para familias fluidas Las familias ya no son las que eran. Al tradicional “padre, madre, hijos” se le suma ahora todo un catálogo de nuevas configuraciones familiares: parientes de diferentes generaciones viviendo bajo el mismo techo, parejas sin hijos, grupos de amigos, habitantes de un complejo de cohousing, e incluso, personas con nuevos contratos afectivos, cuya relación no tiene por qué verse ceñida necesariamente a dos individuos. Asimismo, la incertidumbre que marca el tiempo actual, en el que quedó atrás eso de ‘tener un trabajo para siempre’, así como los elevados costes de vida en muchas de las grandes ciudades españolas, hacen que se den nuevas e inéditas situaciones. Por ejemplo, la vuelta a casa de sus padres de personas que ya se habían independizado, o la necesidad de numerosos ciudadanos de compartir piso hasta bien pasada la treintena. Si a esto le sumamos que el teletrabajo ha llegado para quedarse en muchas profesiones, es normal que nos espere un 2024 ‘atípico’ en cuanto a configuraciones del hogar. Las viviendas flexibles son un movimiento en auge. Hablamos de distribuciones abiertas que no condicionen el habitar de las personas y que no definan un modelo familiar concreto, nos cuenta Eduardo Mediero, que precisamente fundó su estudio, Hanghar, con el objetivo de desarrollar modelos habitacionales que eviten la especulación y ofrezcan al usuario una forma más libre de habitar su espacio. Fuente: AD