Algo está claro: las actividades físicas reducen las calorías, pero, por sí solas, pueden producir un balance energético negativo e incluso aumentar el peso. ¿La razón? La mayoría de personas compensan las calorías que perdieron durante el ejercicio, comiendo más o moviéndose menos. Estudios demuestran que las personas que inician nuevas rutinas de ejercicios, solo pierden del 30% al 40% del peso esperado, debido a las calorías adicionales que compensan en su alimentación. Un estudio reciente de los científicos del Centro de Investigación Biomédica Pennington de Los Ángeles, demostró que las personas acostumbran a compensar el esfuerzo que realizaron al ejercitarse, permitiéndose licencias en sus hábitos alimenticios (cheat meals). Timothy Church, director del estudio, aseguró que aquellas personas “sintieron que estaba bien intercambiar comportamientos". En conclusión, si se busca perder peso, se tiene que combinar ejercicio, alimentación y, sobre todo, fuerza de voluntad para forjar el nuevo hábito.